Vídeo-entrada #1: La Haya Shore

Nunca es tarde para innovar, y por eso inauguro oficialmente la sección de las video-entradas, vídeos de fenómenos aleatorios relacionados con Holanda y mi estancia Erasmus (rompe la botella de champán contra la cubierta del barco). En este caso, el vídeo está dedicado a aquellos que vendrán a reemplazarnos: todo el mundo (todo el mundo, en serio) dará su opinión sobre el clima que os recibirá, pero ¡hey!, nada saca mejor de dudas que un vídeo explicativo. Especialmente cuando estás haciendo la maleta y no has decidido cuántas de esas prendas serán de abrigo.

Vídeo grabado el 15 de Junio en la playa de Scheveningen. Por si acaso no queda claro, diremos que el sonido ‘ambiente’ es el maldito y odioso viento, tan típico de La Haya. En pleno Junio, en chaqueta y con rachas de viento. Bien. A pesar de la abrumadora calidad del vídeo (no), se puede comprobar la fuerza del viento: por ejemplo, las banderas del edificio central no ondean demasiado. Normal que todos los holandeses veraneen en Torremolinos, dónde el único viento a 100 metros a la redonda proviene de un ventilador. Es un tanto frustrante llevar abrigo en Junio, pero es lo que nos ha tocado vivir (un español quejándose del tiempo, menuda novedad).

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Scheveningen (III)

Aunque parezca mentira, un ya lejano 11 de Noviembre, toda La Haya se levantó soleada. La Haya. Soleada. Como esto no suele pasar a menudo (por no decir casi nunca), todo el mundo salió a la calle a recibir su ración mensual de luz solar. Siendo domingo, cogí mi bici y me fui a dar una vuelta para aprovechar el día.

Al final acabé en Scheveningen, que, a pesar de estar a unos 4 kilómetros de distancia (o 2’50€ en tren, como prefieras), se encuentra a una media hora en bici. Teniendo en cuenta que no hacía frío o viento (bueno, siendo técnicos, a eso de la una empezó a empeorar el tiempo) fue un momento muy Verano Azul. Scheveningen (la playa, vamos) estaba a reventar.

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Una barba en Torremolinos

Esta entrada no estaba ni siquiera planteada, pero allí me encontraba yo empezando mis vacaciones en Torremolinos (Málaga) cuando me di cuenta de algo ciertamente curioso: había muchísimos turistas holandeses. ¿Que cómo supe que no eran de otros países? Porque hablaban un idioma que parecía una mezcla entre inglés y alemán (véase la sección de Vocabulario básico) y porque tenían sus propios lugares de encuentro y diversión. Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí van unas pocas, para convencer a todo el mundo.
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