Scheveningen (III)

Aunque parezca mentira, un ya lejano 11 de Noviembre, toda La Haya se levantó soleada. La Haya. Soleada. Como esto no suele pasar a menudo (por no decir casi nunca), todo el mundo salió a la calle a recibir su ración mensual de luz solar. Siendo domingo, cogí mi bici y me fui a dar una vuelta para aprovechar el día.

Al final acabé en Scheveningen, que, a pesar de estar a unos 4 kilómetros de distancia (o 2’50€ en tren, como prefieras), se encuentra a una media hora en bici. Teniendo en cuenta que no hacía frío o viento (bueno, siendo técnicos, a eso de la una empezó a empeorar el tiempo) fue un momento muy Verano Azul. Scheveningen (la playa, vamos) estaba a reventar.

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Una barba en Torremolinos

Esta entrada no estaba ni siquiera planteada, pero allí me encontraba yo empezando mis vacaciones en Torremolinos (Málaga) cuando me di cuenta de algo ciertamente curioso: había muchísimos turistas holandeses. ¿Que cómo supe que no eran de otros países? Porque hablaban un idioma que parecía una mezcla entre inglés y alemán (véase la sección de Vocabulario básico) y porque tenían sus propios lugares de encuentro y diversión. Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí van unas pocas, para convencer a todo el mundo.
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