Despedida / Entrada final

Bueno. Pues sí. Ha llegado el momento de escribir la temida última entrada del blog. He retrasado el momento en la medida de lo posible, pero tras haber relatado la primera parte de mi verano así por la cara, toca escribir. Así que, mientras lees esto, puedes imaginar una música triste de violines sonando de fondo, por aquello de ponernos en situación. Porque la entrada número 100 será también la última.Vamos allá, de una vez por todas, con el discurso final.

Final

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Recopilatorio del blog

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Ya no queda nada más por escribir. Sin embargo, antes de escribir la última entrada del blog, he querido hacer una especie de recopilatorio, y al mismo tiempo, honrar todos los panfletos, postales y tickets que adornaban mis tablones de corcho y las paredes de mi habitación en La Haya. Fue un proceso de recolección lento pero constante, y a finales de Julio quedaban ya pocos espacios en blanco (luego fue la risa al quitarlos, con todo el cuidado del mundo para que no dejara marca en la pared y DUWO me devolviera el depósito). En definitiva, esto es Una Barba en La Haya Greatest Hits Deluxe Mega Special Edition. Y eso.

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Madurodam, aventura en miniatura

En mi desesperada necesidad de visitar todo lo posible de La Haya, pasé los últimos días en la ciudad a pleno rendimiento, sin perder un instante. Había mucho que ver aún, mucho de lo que despedirse, nuevas calles por las pasear en tu bici. No hace falta pasar mucho tiempo en una web de turismo de La Haya para que aparezca Madurodam, que viene a ser algo así como un parque temático de maquetas de diferentes edificios representativos de los Países Bajos y de la cultura del país en general.

Como el precio de la entrada era de 15 euros, intenté retrasar la visita todo lo posible (o esperar a que alguien lo visitara y me dijera enfadado que no valía la pena). Sin embargo, Julio estaba llegando a su fin y me embargó un sentimiento de ‘ahora o nunca’. Finalmente, conseguí un descuento de 1’50€ sobre el precio del ticket (buf, descuentazo) y, usando de excusa una visita a la playa, me dirigí hacia Liliput.

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El Binnenhof a escala.

Yyyyyy desde el otro lado.

Yyyyyy desde el otro lado.

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Puro turisteo en La Haya

Me di cuenta, a finales de mi estancia Erasmus; que había llenado el blog de fotos de diferentes partes de los Países Bajos, e incluso había escrito entradas sobre otros países (como Alemania, Polonia o Hungría). Sin embargo, había muy pocas entradas dedicadas a lo típicamente turístico de La Haya, que era mi residencia holandesa.

Y eso estaba muy mal. Por eso, cogí mi fiel cámara de fotos digital y me di un paseo por el centro de la ciudad, haciendo fotos a monumentos que ya me sabía de memoria. Tengo la teoría de que nuestra ciudad natal es la que menos conocemos por el simple hecho de que “siempre estará allí”, y nos centramos más en aquello que nos pilla más lejos, lo desconocido. Y por eso retrasé estas fotos hasta los últimos días. Soy así.

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Panorama Mesdag

Considerado uno de los sitios de interés más curiosos de La Haya, el Panorama Mesdag es un edificio lleno de la obra del pintor neerlandés Hendrik Willem Mesdag, que se dedicaba a pintar cuadros sobre el mar, los marineros, la costa… vamos, muy polivalente (aunque claro, en Holanda no vas a pintar montañas). 

Situado cerca de la zona de las embajadas de La Haya (zona glamourosa y elegante que poco tiene que ver con mi antiguo barrio), la entrada al Panorama Mesdag cuesta unos 7 euros (que no pagué gracias a mi querida Museumkaart) y se compone de unas cuatro habitaciones con diferentes cuadros de nuestro querido amigo Mesdag, y de un pequeño pero intenso segundo piso que contiene su obra maestra y la única razón de peso para visitar la exposición.

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