Bruselas (II)

Seguimos en Bruselas. En la primera parte de esta crónica nos quedamos en la tienda de Tintín (se pronuncie como se pronuncie), y aún nos quedaba mucho por ver de la capital belga. Estábamos bien preparados: ya habíamos comido, el tiempo era relativamente bueno, estábamos en el centro de la ciudad y podíamos ir a cualquier sitio en metro. Veamos pues cómo nos fue el día y cómo volvimos a La Haya (Alerta: más transporte público belga).

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Maastricht, ¡qué hermosa eres!

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Le toca a Maastricht. Después de los incidentes de Eindhoven, pensamos que íbamos a llegar por fin. Pero no, puesto que estaban mejorando las vías, lo cual se tradujo en tomar un tren hasta Weert, donde tuvimos que subirnos a un bus que nos llevó a Sittard. De allí fuimos en tren otra vez hasta Maastricht. Tras este trayecto tan largo, llegamos a la ciudad cansados y un tanto hartos. Así que Maastricht tenía que ser algo digno de ver para que se nos pasara el cabreo. Y lo fue.

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Brujas (Brugge)

Hace ya un tiempo, mis padres decidieron venir a visitarme. Gracias a que se trajeron el coche, nos dedicamos a viajar durante la semana (bueno, y también me trajeron como dos o tres kilos de embutido marca Hacendado, aceite de oliva y un paquete de Colacao, pero eso no queda tan elegante, ¿verdad?) Lo bueno de tener coche en este caso era que nuestros viajes podían ir más allá de las fronteras holandesas y así hacer viajes relativamente largos sin pulirte los cuartos en billetes de tren.

El primer destino fue Bélgica, más concretamente la ciudad de Brujas. Brujas pertenece a lo que yo llamo “los cuatro fantásticos de Bélgica”  (básicamente las cuatro ciudades del país que quiero visitar (Bruselas, Gante, Amberes y Brujas)) y se encuentra a unas dos horas y media de viaje en coche desde La Haya. Se llega al centro de la ciudad por las urbanizaciones de las afueras y sabes que has llegado porque tienes que pasar por un arco de piedra.

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