Auschwitz-Birkenau

AVISO: Este blog se escribe usando un estilo irónico y distendido. No es mi intención ofender a nadie. No creo que haya motivos para ello, de todos modos.

El último día en Polonia lo aprovechamos visitando el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, porque bueno, nunca se sabe cuando vas a volver a visitar Polonia. Tras coger el minibús desde la estación de Cracovia, llegamos al campo de concentración a eso de las tres de la tarde. El minibús sigue un método muy simple: si has comprado el billete con antelación, te sientas. Si se lo compras al conductor, te arriesgas a pasar todo el viaje de pie. Y no es coña. Así que en un minibús íbamos unas 20 personas, algunas de pie, ocupando el pasillo. Y es que ya se sabe, los cinturones de seguridad son para los cobardes.

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Cracovia

Desde Praga a Cracovia en un tren nocturno. El trayecto fue largo, y altamente incómodo. Compartiendo compartimento (suena a hechizo de Harry Potter) con un estudiante y un jubilado, no hubo manera de dormir; ni sentidos ni tumbados. Ni con las cortinas echadas. El constante traqueteo en alta definición del tren y sus continuas paradas en las estaciones intermedias hicieron de nuestro viaje de placer una montaña rusa de parque de atracciones. Eso sí, muy puntual y eficiente. Y barato, que es lo que importa al fin y al cabo. A las 6 y media de la mañana llegábamos a Cracovia, disfrutando de un bonito amanecer. No teníamos sueño ni nada…

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