De vuelta a España: Lyon

vuelta

La Erasmus, tras once maravillosos meses, tocó a su fin. Fue duro reducir todo un año de existencia en tan sólo unas pocas maletas, pero no había otro remedio. Antes de abandonar tu habitación y entregar las llaves a DUWO, debes limpiarla y vaciarla. Al menos si quieres recibir tu fianza de vuelta. Finalmente, tras una semana de limpieza desenfrenada, duras despedidas y trapicheos comerciales (léase vender a última hora todo aquello que no podía llevarme a casa), me monté en el coche y emprendí con mi familia el viaje de vuelta a España.

Es una sensación extraña, la de abandonar el que ha sido tu hogar provisional. Por un lado, te embarga una horrible tristeza (como es natural), pero al mismo tiempo, sientes una absurda e inexplicable paz interior, como si hubieras asumido de repente que este momento iba a llegar tarde o temprano y que lo hecho, hecho estaba. Así habían sido las cosas y así las habías vivido. Atrás quedaría tu vida Erasmus, pero también permanecerían en tu memoria todas las vivencias, las sensaciones, las maravillosas personas con las que habías convivido durante una de las etapas más felices y caóticas de tu vida. En fin, no voy a explayarme más en esta entrada, ya habrá tiempo de ponernos terriblemente emotivos. Esto sigue siendo (o eso intento) una entrada de viaje.

Entre La Haya y Madrid hay a grandes rasgos 1700 km, y hacérselos en un día supone un suicidio automovilístico (salvo si corres el 24h de Le Mans habitualmente, claro). Por tanto, decidimos fraccionar el trayecto en varios tramos, aprovechando así el inevitable viaje en coche para visitar varias ciudades al mismo tiempo. En la primera etapa del rally, nos recorrimos 892 km (se dice pronto) en un día para llegar a Lyon. Pobres conductores.

Ésta es una foto del río Ródano. O del río Saona. La verdad es que nunca supe cuál era cada uno.

Ésta es una foto del río Ródano. O del río Saona. La verdad es que nunca supe cuál era cada uno.

¿Crees que la introducción ha sido más larga que un día sin pan? Pues ni te imaginas cómo va a ser la entrada… Dentro Lyon.

Lyon es la segunda ciudad más poblada de Francia y una de las más bonitas (lo primero lo afirma Wikipedia, lo segundo lo aseguro yo). En pleno verano, los locales se mezclan con los visitantes, en una urbe cosmopolita y alegre. El centro de la ciudad y los alrededores están llenos de cosas por ver y edificios que visitar, y vayas donde vayas siempre hay algo especial ocurriendo. Como muestra de ello, nada más bajarnos del coche nos encontramos con un mercadillo de comida y bebida, con las especialidades de la región y variopintos puestos de, por ejemplo, comida portuguesa. También había uno de comida española, con la paella como plato estrella. Como no.

Otra foto de un río, pero sigo sin saber cuál.

Otra foto de un río, pero sigo sin saber cuál.

No había tiempo que perder, puesto que sólo disponíamos de un día para explorar la ciudad a nuestras anchas, y nuestro guía era un mensaje de Whatsapp con todos los ‘imperdibles’ de la ciudad. Así que tras degustar cerezas y quesos franceses varios, raudos y veloces nos subimos la colina de Fourvière, situada al otro lado del río, que alberga la parte antigua de la ciudad, también conocida como Vieux Lyon. Allí se debe visitar sí o sí la Basílica de Notre-Dame de Fourvière (se mataron con el nombre, eh), la cual ofrece además unas maravillosas vistas de toda la ciudad.

La basílica merece la pena: mientras que la capilla de la planta baja es más austera y oscura, la capilla del primer piso es magnífica y majestuosa: grandes murales en las paredes representando escenas clave del catolicismo, altas columnas, un fastuoso altar, estatuas de la Virgen por doquier, etc. Una impresionante visita que no deberías perderte, y más teniendo en cuenta que es gratis. Como ya he mencionado antes, las vistas de Lyon desde los terrenos de la basílica son impresionantes y muy fotogénicas.

Lyon2

Basílica #1

Basílica #2: el Padre Nuestro, en neerlandés. Lo tienen en todos los idiomas, por si no te acuerdas.

Basílica #2: el Padre Nuestro, en neerlandés. Lo tienen en todos los idiomas, por si no te acuerdas.

¿Puede haber algo más aleatorio que una estatua de Juan Pablo II enfrente de la basílica? Admito sugerencias. (Basílica #3)

¿Puede haber algo más aleatorio que una estatua de Juan Pablo II enfrente de la basílica? Admito sugerencias. (Basílica #3)

Sin embargo, la basílica no es la única emoción que ofrece la colina de Fourvière. Ni mucho menos. Si se baja la cuesta, a los pocos metros aparece un teatro romano, o al menos lo que queda de él. El teatro en sí está muy bien conservado y todavía hace las veces de espacio cultural al aire libre: cinco hombres, bajo el cálido sol de Francia, montaban un escenario para una serie de conciertos que, como sabríamos después, se celebraban durante todo el verano. Alrededor del teatro, hay más ruinas, aunque en su gran mayoría no son más piedras que representan paredes erigidas hace miles de años. Para los más ávidos de historia, también hay un museo con los distintos objetos que se han ido encontrando en las excavaciones, aunque no creo que merezca demasiado la pena. Lyon tiene mejores cosas que ver (opinión personal).

Vírgenes fluorescentes para que puedas saciar tu fe hasta en los apagones. Porque nunca se sabe.

Vírgenes fluorescentes para que puedas saciar tu fe hasta en los apagones. Porque nunca se sabe, la Virgen de Fátima te acompaña. De Lyon al cielo.

Las anteriormente mencionadas vistas de Lyon. Se respira la paz en el ambiente. Si tienes suerte podrás mirarlas tranquilamente sin estropear la foto de otra persona.

Las anteriormente mencionadas vistas de Lyon. Se respira la paz en el ambiente. Si tienes suerte podrás mirarlas tranquilamente sin estropear la foto de otra persona.

Y el teatro romano. No sé si la foto puede trasmitir con fidelidad el calor que hacía.

Y el teatro romano. No sé si la foto puede trasmitir con fidelidad el calor que hacía.

De vuelta a la zona “nueva” de la ciudad, nos tocó callejear un rato hasta encontrar un sitio agradable donde comer. Esta zona de Lyon ya se parece más a una ciudad francesa, aunque nunca llega a la elegancia y exuberancia de París. Lyon, al no ostentar el cargo de la ciudad del amor y de la capital más bonita del mundo, puede permitirse los edificios bajos, los parques y las fuentes en medio de la ciudad, las calles comerciales que de repente desembocan en antiguos edificios históricos. Tras este paseo tan filosófico y enriquecedor, acabamos comiendo en un Subway (el glamour, mi forma de vida). Nos costó hacerle entender a la dependienta que no queríamos salsa picante, pero lo conseguimos. Aún no se cómo.

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- Oye, Jean-Pierre, no sabemos qué poner en esta plaza tan grande.  + Pon una fuente y a vivir la vie en rose.

– Oye, Jean-Pierre, no sabemos qué poner en esta plaza tan grande. + Pon una fuente y a vivir la vie en rose.

Aunque te creas por encima del bien y del mal, debes visitar la zona comercial de Lyon. Porque sí, porque se encuentra en la parte antigua de la ciudad y porque no encontrarás grandes marcas o franquicias, sino que predominan pequeñas tiendas especializadas; donde puedes encontrar casi de todo: pizarras, licores, libros antiguos, dulces y pastas, ropa, helados, fuentes públicas, iglesias, farmacias a la última moda que desentonan con el ambiente general. Como si fuera el bolso de Mary Poppins hecho ciudad, nunca sabes lo que te encontrarás al cruzar la esquina. Nosotros nos llevamos figuritas de Astérix y Obélix y artículos varios de El Principito (el autor, Antoine de Saint-Exupéry, nació allí).

No sé qué lleva ni a qué sabe, pero no se puede negar la evidencia: tiene una pinta irresistible.

No sé qué lleva ni a qué sabe, pero no se puede negar la evidencia: tiene una pinta irresistible.

Vino de naranja, en una foto muy artística. Obviamente retocada con Photoshop para mi reflejo se viera mejor.

Vino de naranja, en una foto muy artística.

Al más puro estilo IAmsterdam, Lyon también presume de letras de dos metros de altura formando el eslogan de la campaña de turismo de turno: Only Lyon.  Y un león rojo al final.

Al más puro estilo IAmsterdam, Lyon también presume de letras de dos metros de altura formando el eslogan de la campaña de turismo de turno: Only Lyon. Y un león rojo al final, por si no lo habías entendido.

Para cenar, la oferta de restaurantes es muy generosa: puedes encontrar tres restaurantes en la misma plaza, y aunque todos ofrecen más o menos lo mismo, las diferencias de precios pueden ser notables. Por si acaso la cocina francesa no te dice nada, también existen, desperdigados por el barrio antiguo de Lyon, restaurantes de comida exótica. Sin ir más lejos, nosotros cenamos en un indio/pakistaní.

En cuanto a fiesta, Lyon también ofrece planes para dar y tomar: los bares montan sus terrazas a ambos lados del río, para que puedas tomarte algo mientras disfrutas de la ciudad iluminada. Unos barcos, amarrados en el propio río, hacen las veces de discoteca y club nocturno. Además, las praderas repartidas por la ciudad se encuentran abarrotadas de jóvenes, que beben antes de entrar a los clubs flotantes o directamente pasan la noche allí, disfrutando del buen tiempo. Por cierto, nadie debería abandonar Lyon sin probar la sangría de vino blanco, aunque a primera vista no te llame mucho la atención.

Detalle de la Plaza Bellecour, en el puro centro de Lyon.

Detalle de la Plaza Bellecour, en el puro centro de Lyon.

Escultura aleatoria 1. Muy cerca, unos niños combatían el calor estival refrescándose en unos chorros de agua que salían del suelo a modo decorativo. Sus padres los esperaban con la toalla en la mano, envidiando a sus hijos. Ellos también querrían bailar sobre los chorros, pero imagínate a 10 adultos en ropa interior en esa situación. No queda igual, no.

Escultura aleatoria 1. Muy cerca, unos niños combatían el calor estival refrescándose en unos chorros de agua que salían del suelo a modo decorativo. Sus padres los esperaban con la toalla en la mano, envidiando a sus hijos. Ellos también querrían bailar sobre los chorros, pero imagínate a 10 adultos en ropa interior en esa situación. No queda igual, no.

A modo de resumen (Lyon se lleva el récord a la entrada más extensa del blog (de momento)), Lyon es una ciudad magnífica a la que no me importaría volver. Turística, cultural, interesante, llena de vida, con una zona nueva en la que pasar la mañana y una zona más antigua en la que merendar y salir de fiesta. Al mismo tiempo, es una ciudad tranquila y apacible alejada de las grandes masas de turistas. Guau, me ha quedado de guía turística. En fin, Lyon es todo eso y mucho más. Nos vemos en la siguiente etapa del viaje, que aún transcurrirá en Francia (spoiler). Au revoir!

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2 pensamientos en “De vuelta a España: Lyon

  1. Pingback: De vuelta a España: Barcelona (I) | Una barba en La Haya.

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