Van Gogh Museum

Qué decir de Van Gogh. Figura destacadísima del arte universal, genio y figura del post-impresionismo. Uno de los mejores pintores holandeses y generador del grupo máh grande del mundo: La Oreja de Van Gogh (en realidad no me emocionan, pero para el chiste me venían de lujo). Por cierto, ya que estamos, se pronuncia ‘Fan Joj’. Yo soy el primero que lo dice ‘a la española’, pero siento la necesidad de demostrarle al mundo que el curso de holandés que tomé en la Haagse Hogeschool sirvió de algo.

Última entrada cultureta del blog. Última visita a Amsterdam. Esa visita a la capital neerlandesa fue diferente, fue una despedida. No trató tanto de recorrerse la ciudad en una hora, sino de ir disfrutando del tiempo que quedaba y darle las gracias por todos los buenos tiempos pasados. En fin, tras este párrafo tan sentimentaloide, pongámonos en marcha.

Éste es el equivalente a la típica foto de “que parezca que no estoy posando”. #PostureoVanGogh

Cuando supe que había un museo dedicado a Van Gogh en Amsterdam, decidí que tenía que ir sí o sí. La primera ocasión se me presentó en el mes de Abril, pero por aquel entonces el museo no se encontraba abierto al público, sino que se exhibía una selección de obras clave. Teniendo en cuenta que el precio de la susodicha galería es el mismo que el de la entrada completa del museo, pues nada, salía más rentable esperar. En Julio ya se encontraba de nuevo operativo, y gracias a la Museumkaart entré de gratis. Por cierto, también me ahorré la cola, porque la Museumkaart te da derecho a utilizar una entrada exclusiva. Ois.

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Lo primero que llama tu atención dentro del museo es la gigantesca tienda de regalos, que llega hasta donde alcanza la vista (aunque antes, todo era campo). Antes de someterte al terrible pero inevitable control de metales, deja tus cosas en el guardarropa, que es gratis. De la tienda de regalos… ya hablaremos (tono de madre difícil de interpretar).

Que con mis telas, pone un lienzo en su pared. Quién detiene pigmentos al vuelo, pintando contra el viento. Van Gogh contra Van Gogh. ♫ ♫

Que con mis telas, pone un lienzo en su pared. Quién detiene pigmentos al vuelo, pintando contra el viento. Van Gogh contra Van Gogh. ♫ ♫

A pesar de que el Van Gogh Museum se compone de dos edificios, uno de ellos no se encuentra disponible para los visitantes, aunque creo que lo único que se puede hacer allí es disfrutar de una proyección sobre Van Gogh. Como es probable que el audio esté en un perfecto holandés, tampoco te pierdes nada. Volviendo al edificio que nos interesa, no es demasiado grande. Sin embargo, en tan sólo tres pisos concentran la gran mayoría de obras de Van Gogh que interesan al público, además de diferentes obras menos conocidas pero que de igual modo reflejan su evolución pictórica.

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El título de la colección es “Van Gogh aan het werk“, que se traduce “Van Gogh en el trabajo” o algo así. Y se nota: además de los cuadros de Van Gogh, se hace énfasis en sus talleres de trabajo, el material que utilizaba, los pigmentos, su educación artística, etc. Todo ello contribuye a una experiencia más completa, aunque también debo confesar que al cuarto o quinto caballete todo empieza a perder intensidad.

Seguro que este cuadro no te suena de nada...

Seguro que este cuadro no te suena de nada…

Todas tus obras favoritas de Van Gogh se encuentran allí, ordenadas por fecha. Para rematar, al final se incluyen grabados o carboncillos un poco más ‘indies’ y una ‘zona de actividades’ con experiencias que seguro te interesan: ¡Averigua cómo Van Gogh utilizaba la perspectiva! ¡Descubre cómo utilizaba el color! ¿No duermes por las noches porque te preguntas cómo se restaura un cuadro? ¡Te lo explicamos! Ironías aparte, es una zona interesantísima, de verdad. No lo dudes ni por un sólo instante. Los estudiantes de Historia del Arte / Bellas Artes la disfrutarán enormemente.

Y de éste ya ni hablamos.

Y de éste ya ni hablamos.

Y así, tras disfrutar de las obras más representativas de Van Gogh y unos 20 autorretratos, llega el momento de decirle adiós a la galería. Hemos pasado un rato muy agradable, pero ya no nos queda nada por ver. Así que bajamos los tres pisos hasta la planta baja y nos volvemos a encontrar en el vestíbulo, con el guardarropa, los baños y la atractiva tienda de regalos. Es imposible no verla, brilla con luz artificial propia. Llena de visitantes deseosos de llevarse a casa un pedacito de Van Gogh para recordar esta inolvidable visita, te acercas.

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Y entonces descubres que la tecnología ha avanzado tanto que se puede fabricar cualquier cosa con la cara de Van Gogh en ella (y cuando no es su rostro acompañado de su inseparable barba, es una de sus obras). Y cuando digo cualquier cosa, lo digo en serio: butacones, velas, adornos de Navidad, joyas, fundas de iPad, gamuzas para limpiar los cristales de las gafas, cantimploras… De perdidos al río.

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Todo bastante caro (para un Erasmus al menos), así que tuve que conformarme con echar un vistazo, suspirar, fingir que podía comprarme cualquier cosa pero que nada era lo bastante artístico para mí, y caminar hacia la salida más cercana conservando toda mi dignidad. Fuera, al más puro estilo estadio de fútbol, había un tenderete donde un hombre vendía recuerdos no oficiales. Si lo tuyo son las camisetas de Van Gogh, él es tu hombre.

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La entrada cultureta se acaba aquí. El resto del día lo empleé en callejear por la ciudad y visitar los barrios más alejados de lo turístico, continuando con la actitud de explorador que había desarrollado durante todo el año. Llegó un momento en el que no tenía más que ver o más regalos que comprar y finalmente cogí el tren de vuelta hacia La Haya.

En cuanto al Van Gogh Museum (que es lo que nos interesa al fin y al cabo), debo decir que está muy bien si te interesa lo más mínimo el arte. Recomiendo encarecidamente comprar las entradas por Internet para así no comerte una cola de proporciones desmesuradas (y además, si los compras en taquilla no puedes elegir hora de entrada, lo que queda es lo que hay) e ir con tiempo para verlo todo tranquilamente. Y si quieres llevarte un recuerdo, te aviso de que la única tarjeta que aceptan en Holanda es la Maestro. (Ni VISA ni leches).

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¿Es contraproducente que haya dedicado a la tienda de regalos casi el mismo espacio que al museo en sí? Probablemente, qué le voy a hacer. Que Van Gogh os inspire y hasta la próxima.

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Un pensamiento en “Van Gogh Museum

  1. Pingback: De vuelta a España: Barcelona (II) | Una barba en La Haya.

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