Zwolle

Zwolle, el pequeño y adorable pueblo residencial de Holanda. Atraído por su fascinante historia, su imaginativa arquitectura y la calidez de sus habitantes, me dirigí hacia allí, sin dejar de mirar por la ventana durante todo el trayecto en tren. O no. O simplemente me pillaba de camino y no quería volverme a las 4 de la tarde a casa. La primera versión queda más poética y por tanto seré la que mantendré en el juicio. ¿Quieres saberlo todo sobre mi corta pero intensa visita a Zwolle? Sigue leyendo…

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Nada más llegar, Coca-Cola volvió a demostrarme que me quiere, que me adora y que moriría por mí (o que no deja de acosarme): mientras estaba subiendo a Instagram la foto de la lata de Coca-Cola con mi nombre (la cual me hizo una ridícula ilusión, para qué mentir), se acercó una alegre y vivaracha promotora vestida de naranja (en los Países Bajos funciona para todo) y me ofreció una lata de Fanta Naranja. Como buen español, no puedo rechazar nada gratuito, y agradecidamente acepté la lata. (Aclaro que Coca-Cola no patrocina este blog… aún).

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La estación de tren de Zwolle se encuentra bastante alejada del centro de la ciudad (alejado en el sentido neerlandés, osea, a 20 minutos andando). Disfrutando de un maravilloso paseo por las bucólicas afueras de Zwolle, llegué a un lago donde dos carteles turísticos señalizaban la dirección hacia el centro de la ciudad. En dos direcciones opuestas. Todos los caminos llevan a Zwolle. Seguí la opción más breve y acabé dando un rodeo de agárrate y no te menees. Estos holandeses ya no saben ni calibrar distancias. ¿Yo, perderme? Nunca.

Este museo sirvió de referencia visual. Vamos, que cuando no sabía donde estaba, buscaba esa cúpula azulada.

Este museo sirvió de referencia visual. Vamos, que cuando no sabía donde estaba, buscaba esa cúpula azulada.

En mi travesía hacia el centro de la ciudad, no encontré nada demasiado relevante: jardines, casas, canales… Finalmente llegué a la muralla de Zwolle. Como si de una cebolla derretida se tratara, Zwolle está distribuida en capas circulares que no son fácilmente diferenciables, como los pasillos de un supermercado (no me creo que sea el único al que le mosquee que la lejía y las revistas estén en el mismo pasillo). Osea, que piensas “he llegado” y en realidad aún vas por la zona residencial. Muy colorida y tranquila, pero al fin y al cabo no es lo que nos interesa.

La muralla de Zwolle. En la parte de abajo había un par de cañones y flores de color morado. Exacto, no cabían en la foto.

La muralla de Zwolle. En la parte de abajo había un par de cañones y flores de color morado. Exacto, no cabían en la foto.

La zona residencial estaba muy tranquila. Se podía respirar la paz y la serenidad en el ambiente, y la verdad es que se encontraba relativamente vacía. Supuse que una gran parte de los Zwolleños (por ejemplo) estarían cerca de las tiendas o las terrazas. Para el que no haya estado nunca en Holanda, debo aclarar que en los Países Bajos rechazan las persianas y por tanto puedes juzgar la decoración de cada apartamento desde fuera (y comprobar si hay alguien en casa, claro. Eso ya es cosa tuya).

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Zwolle es un laberinto que sabes donde empieza (en el museo de la cúpula azul en mi caso), pero no dónde acaba. Como no tiene una zona turística por excelencia, puedes estar callejeando todo el día entre las distintas zonas de la ciudad (los pasillos del super, recordemos), y nunca saber dónde estás del todo. Las calles se entrelazan, y se cortan, y se cruzan, y al final acabé siempre mis expediciones en la plaza central, con su iglesia y su McDonalds de rigor (y su wi-fi gratuito, tan útil cuando no tienes contratada una tarifa de datos).

OLA KE ASE ME TUNVO TOA SESI O KE ASE.

OLA KE ASE ME TUNVO TOA SESI O KE ASE.

No es que en Leeuwarden hiciera frío, pero el clima era más caluroso en Zwolle, y se notaba. Sirva como ejemplo un canal que hacía las veces de puerto: en cada uno de los barcos que permanecían amarrados allí, había al menos un holandés tostándose. No es para menos: en el mes de Junio, aún nos tocó llevar puesto el abrigo unos cuantos días. Y no es una broma.

¡Hola, soy el canal de bronceado! Ya que Álvaro no debe hacer fotos de desconocidos sin su permiso, aquí tenéis una sección vacía.

¡Hola, soy el canal de bronceado! Ya que Álvaro no debe hacer fotos de desconocidos en bañador sin su permiso, aquí tenéis una sección vacía.

Zwolle tiene una atmósfera distinta, un aire diferente. En aquella visita me pareció un lugar que durante el día sin duda permanecía tranquilo, pero que por la noche no perdía la actividad (algo sorprendente para su relativamente pequeño tamaño). Oficina de turismo de Zwolle, apunta: la vida permanece tranquila y apacible, libre del estrés y las masas de Amsterdam, pero lo bastante cerca de las grandes ciudades como para no sentirse aislada. Conserva su estilo holandés sin renunciar a la modernidad. (Y olé).

Una curiosa estatua de cristal, situada en Grote Markt, al lado de la iglesia. Desefoncada, como a mí me gusta.

Una curiosa estatua de cristal, situada en Grote Markt, al lado de la iglesia. Desefoncada, como a mí me gusta.

¿He mencionado que Zwolle es como un laberinto? Bueno, pues siguiendo los carteles turísticos (para encontrar ya ni me acuerdo el qué), además de perderme, hice el descubrimiento de la jornada. Los holandeses son famosos por su utilitarismo extremo y, siguiendo este planteamiento, han remodelado varias iglesias que ya no usaban para convertirlas en edificios con otro uso, principalmente bibliotecas o librerías. La más conocida está en Maastricht, pero no conseguí encontrarla (y mira que busqué). Así que a falta de pan, bueno es Zwolle. Era una maxi-librería / quiosco / tienda de recuerdos / pinacoteca, un maxi-resort del concepto “leer con una copa de vino al lado”.

¿Os imagináis que no vendieran biblias? Menudo fail.

¿Os imagináis que no vendieran biblias? Menudo fail.

Emprendí el camino de vuelta a la estación, me monté en el tren y una hora y pico más tarde volví a pisar La Haya. Ésa fue mi última excursión por Holanda, la Erasmus estaba tocando inexorablemente a su fin. Eso no significa que al blog le quede poco, eh. Para la siguiente entrada vuelven las visitas culturales, que en el fondo son las favoritas de todos.

PS. Leyendo la página de Zwolle en Wikipedia por si acaso me dejaba alguna curiosidad o dato crucial (por cierto, se pronuncia ‘tzfóle’), me enteré de que Zwolle está en una provincia llamada Overijssel. No, no es de la Tierra Media, seguimos en Holanda. Y ya está, dato importante e imperdible entregado. Nos vemos.

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