Madurodam, aventura en miniatura

En mi desesperada necesidad de visitar todo lo posible de La Haya, pasé los últimos días en la ciudad a pleno rendimiento, sin perder un instante. Había mucho que ver aún, mucho de lo que despedirse, nuevas calles por las pasear en tu bici. No hace falta pasar mucho tiempo en una web de turismo de La Haya para que aparezca Madurodam, que viene a ser algo así como un parque temático de maquetas de diferentes edificios representativos de los Países Bajos y de la cultura del país en general.

Como el precio de la entrada era de 15 euros, intenté retrasar la visita todo lo posible (o esperar a que alguien lo visitara y me dijera enfadado que no valía la pena). Sin embargo, Julio estaba llegando a su fin y me embargó un sentimiento de ‘ahora o nunca’. Finalmente, conseguí un descuento de 1’50€ sobre el precio del ticket (buf, descuentazo) y, usando de excusa una visita a la playa, me dirigí hacia Liliput.

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El Binnenhof a escala.

Yyyyyy desde el otro lado.

Yyyyyy desde el otro lado.

Llegar a Madurodam no es difícil si has sido precavido y has buscado las indicaciones en Google Maps, pero debo decir que no se encuentra en una zona demasiado accesible de la ciudad, a medio camino de la playa de Scheveningen. El edificio que nos espera tiene forma piramidal, aunque al entrar descubres que sólo contiene las taquillas y la (totalmente inesperada) tienda de regalos. Una cajera muy simpática me preguntó por mi idioma materno y, un poco sorprendido, le dije que era el español (pensaba principalmente que era una encuesta sobre el número de turistas o algo). Y a continuación, me hizo entrega del pack Madurodam.

A saber: la entrada, un mapa (en perfecto español), y una tarjeta magnética.

A saber: la entrada, un mapa (en perfecto español), y una tarjeta magnética.

Primeras impresiones de Madurodam:

  1. Esto está a reventar de gente (curiosamente, casi todos holandeses).
  2. Esto es gigantesco y no me va a dar tiempo a verlo todo.
  3. No sé por dónde empezar.
  4. Debí haberme traído un bocadillo en la mochila.
Si quieres tomar una foto de la Plaza Dam de Amsterdam sin turistas en medio, tendrá que ser aquí.

Si quieres tomar una foto de la Plaza Dam de Amsterdam sin turistas en medio, tendrá que ser aquí.

No hay problema: los organizadores de Madurodam se encargan de todo y en el mapa te indican dos rutas: una más corta para ver lo esencial en una hora; y una más completa, que te permite ver todas las diferentes construcciones. Mi opinión personal: no vale la pena pagar 15 euros para estar allí sólo una hora, pero también es verdad que llega un momento en el que estás en la zona ‘indie’ del parque y no te suena ni una sola maqueta. Desventajas de ser extranjero, claro.

The Sting, una tienda de ropa de La Haya, en miniatura. La ropa no es gran cosa, pero se puede apreciar que el edificio es llamativo.

The Sting, una tienda de ropa de La Haya, en miniatura. La ropa no es gran cosa, pero se puede apreciar que el edificio es llamativo.

Madurodam intenta dar una visión global de la arquitectura y cultura neerlandesa, y por lo tanto exhibe miniaturas de diferentes partes de los Países Bajos, aunque obviamente se centra en las ciudades más conocidas (véase Amsterdam, Rotterdam, La Haya, Delft). En aquel momento agradecí muchísimo haberme recorrido una pequeña parte del país, porque reconocí maquetas de ciudades como Den Bosch, Apeldoorn o Maastricht. Sin embargo, no todo eran maquetas: durante el recorrido aparecían pantallas de vídeo que, al acercar tu tarjeta, reproducían un vídeo con subtítulos en el idioma que hubieras solicitado a la entrada (gracias de corazón, querida cajera). Temas típicos como historia neerlandesa, arte neerlandés, la Familia Real neerlandesa, etc.

Sin ir más lejos, el Dom de Utrecht.

Sin ir más lejos, el Dom de Utrecht.

Llaman la atención el cuidado y el perfeccionismo con los que se han realizado las maquetas. Los edificios han sido calcados hasta el mínimo detalle, con materiales de texturas y colores similares. En muchas ocasiones no sólo aparece el edificio clave, sino también sus alrededores: canales, jardines exteriores o simplemente edificios vecinos, lo que multiplica el trabajo y el realismo. Eso sí, los que se ganan el corazón de los visitantes no son las maquetas, sino los muñequitos que simbolizan a los habitantes de los Países Bajos y le dan vida a las distintas maquetas, representando a veces distintas situaciones de la vida cotidiana: una celebración religiosa, un mercado de queso, un desfile militar… 

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Un desfile alrededor de la iglesia de Den Bosch.

No sólo de maquetas y liliputienses vive Madurodam: repartidos por el recorrido aparecen distintas actividades en las que pararse a darlo todo: una balanza que calcula tu peso en quesos, una mesa de DJ (recordemos cómo triunfa la música electrónica en los Países Bajos), un fotomatón en el que aparece tu cara rodeada de los muñequitos de Madurodam (aún sigo esperando las fotos), maquetas interactivas en las que recibes una barrita Mars o un par de zuecos de porcelana por 1 euro…

En la zona central, además, hay actividades un poco más mecánicas:

  • ¡ARRR! Siéntete como un marinero cargando y descargando barcos en Rotterdam.
  • Averigua a cuántos metros bajo el nivel del mar se encuentra tu ciudad (y calcula mentalmente si te ahogarías viviendo en un tercero).
  • Mueve molinos de viento para generar electricidad para Liliput.
  • Abre y cierra compuertas para que tu barquito atraviese todo un canal.
Recibir tu peso en oro es muy del siglo pasado. Ahora se lleva recibir tu peso en queso del Albert Heijn.

Recibir tu peso en oro es muy del milenio pasado.

La enorme variedad de edificios por ver y actividades por hacer en Madurodam, que al principio suponían una ventaja; acaban por convertirse en el peor enemigo del parque. Llega un momento en el que no te apetece seguir viendo maquetas de molinos de viento o edificios. Además, cuando has acabado con los edificios históricos, entras de lleno en construcciones modernas y te encuentras rodeado de edificios de oficinas, todo muy entretenido (no). Mención aparte merece la miniatura del aeropuerto de Schipol, muy realista y con aviones tele-dirigidos recorriendo las pistas de aterrizaje.

Este edificio, situado en La Haya, es el Ministerio de Algo. Y mide un metro y medio de alto mínimo.

Este edificio, situado en La Haya, es el Ministerio de Algo. Y mide un metro y medio de alto mínimo.

El resto del parque ya es más convencional: puestos de comida y bebida y tiendas de regalos, todo bastante caro. Fui sin comer, así que cuando llegué a la playa ataqué el McDonalds más cercano (bendito 1×1). Las tiendas de regalos ofrecen en su gran mayoría souvenirs que puedes encontrar por todos los Países Bajos, aunque también hay una sección Madurodam, obviamente. También, al más puro estilo Parque de Atracciones, podías comprar una foto tuya que habían tomado dos risueños jóvenes vestidos de naranja sin avisar, nada más entrar al parque. Ni que decir tiene que no salí demasiado favorecido y la rechacé (y seguramente no me quieren enviar mis fotos sesis del fotomatón para vengarse).

El Keukenhof también está representado. Alucinante lo que puedes conseguir con cuentas de vidrio.

El Keukenhof también está representado. Alucinante lo que puedes conseguir con cuentas de vidrio.

Y bueno, a grandes rasgos ésta fue mi vista a Madurodam. No quería subir fotos de todos los edificios conocidos, porque esta entrada se hubiera convertido en una galería fotográfica, y a medida que el blog ha ido avanzando he dejado de publicar sólo fotos para centrarme también en el contenido, lo que escribo. Además, arruinaría las futuras visitas.

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PS. Se llama Madurodam porque se encuentra situado en la plaza de George Maduro, un oficial de guerra neerlandés importante porque luchó contra los alemanes.

PSS. Me encanta la rima del título.

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2 pensamientos en “Madurodam, aventura en miniatura

    • Tras echar una nueva ojeada a las fotos, me he dado cuenta que en realidad no es el Keukenhof, sino un campo de tulipanes corriente jajajaja Pero me sigue gustando más el efecto abalorio de Madurodam.

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