Las Islas Frisias: Texel

¿Países Bajos? ¿Islas? ¿Hola? Si están a punto de hundirse… pues sí, aunque parezca mentira, los Países Bajos tienen sus propias islas, separadas de la civilización y todo. Son un porrón (de hecho, están divididas en Islas Frisias septentrionales, orientales y occidentales, casi nada) y se encuentran ligeramente lejos de todo La Haya. Usando una de nuestras infalibles dagkaarts (no paro de estimular el turismo en este país), nos levantamos a las 8 de la mañana para embarcarnos en una excursión de ensueño a la zona más ‘salvaje e inhóspita’ de los Países Bajos.

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Tras comernos tres horacas de tren (con sus correspondientes trasbordos), finalmente llegamos a Den Helder, punto de partida del barco/crucero hacia Texel. Texel es la isla más grande de todas, y la más cercana a tierra firme (o al menos, la más accesible desde nuestra posición). Perdimos el primer crucero y tuvimos que esperar pacientemente al siguiente. Salió el sol (INCREÍBLE PERO CIERTO) y subimos a bordo. El trayecto no dura más de cuarto de hora, pero es tiempo suficiente para pasear por la cubierta, imitar la típica escena de Titanic y gritarles a las gaviotas.

Eso que se ve al fondo ya es Texel. Un paraíso natural.

Eso que se ve al fondo ya es Texel. Un paraíso natural.

El cutre-fondo de pantalla de Windows os manda saludos.

El cutre-fondo de pantalla de Windows os manda saludos.

Nada más bajarte del barco, te encuentras en Het Horntje (‘El pequeño cuerno’, y es que todo pierde el glamour traducido). Texel era bastante más grande de lo que esperábamos, y para desplazarnos de un lado a otro al final tiramos a lo fácil y nos compramos un abono diario para el bus. Que sí, que alquilar bicis está muy bien, es muy Verano Azul y muy entrañable; pero ser vago es aún mejor. Como teníamos ticket diario nos subíamos y bajábamos del bus dónde nos daba un poco la gana. Y la primera parada, elegida de forma totalmente aleatoria, fue Oudeschild.  

Sí, había salido el sol. Aún llevábamos el abrigo puesto, pero no llovía. A falta de pan...

Mira qué bonito. Aún llevábamos el abrigo puesto, pero no llovía. A falta de pan…

Oudeschild es una gigantesca urbanización de viviendas muy a la holandesa, con un par de tiendas y la parada de bus. Su puerto estaba lleno de turistas y locales por igual: unos haciendo fotos, los otros anunciando tours para ver focas (supuestamente se acercan a los barcos y eso), vender pescado o simplemente pasar el rato. De nuevo, perdimos el bus y para no pasar una hora mirando al mar, entramos a un museo raro sobre el mar y la cultura y todas esas cosas que tanto les gustan a los holandeses a pasar el rato. (Google me chiva que se llama Kaap Skil, Museum van Jutters en Zeelui, “museo de vagabundos y marineros”). Entre otras cosas: mujeres cantando en un idioma extraño, casas decoradas a la antigua, una exposición con objetos de todo tipo, una maqueta a tamaño real de un submarino…

...y gente ahogándose. O bailando.

…y gente ahogándose. O bailando.

Nuestra siguiente parada fue De Koog. Porque decidimos ignorar la ciudad más céntrica (y poblada) de la isla y parar directamente en una más cercana a la costa. Por cierto, las paradas de autobús tienen nombres muy raros, como El Dorado o Stark. De Koog es a grandes rasgos una calle muy larga con muuchas tiendas a ambos lados. Es como si fuera un paseo marítimo hecho ciudad. Allí aprovechamos para comer en una tienda de tortitas, al más puro estilo Middelburg. En aquella ocasión comí una tortita de manzanas con nata, a la cual añadí todo el sirope gratuito que pude.

Ni que decir tiene que el 80% de las tiendas de De Koog son de recuerdos.

Ni que decir tiene que el 80% de las tiendas de De Koog son de recuerdos.

Nescafé, tiembla.

Nescafé, tiembla.

Y entonces llegó la hora de la aventura. Montados en un nuevo bus, llegamos al norte de la isla, que resultó ser una zona de pescadores. Ni bares, ni centros de información, ni leches nada. Cabañas de pescadores, arena y mar hasta que te hartes. El tiempo había dejado de acompañar (vamos, que llovía) y nos fuimos a la playa a disfrutar. Todo el mar para nosotros, y todas las cabañas vacías. La costa es muy extensa, si no fuera gracias al faro que más o menos te sitúa en el mapa, sería muy difícil localizarte a ti mismo: al fin y al cabo es sólo arena y arbustos. Y viento, mucho.

Queda bien porque suena a extranjero, pero una cerveza llamada "La Gomera", "Ibiza", "Tenerife" o "Cabrera" no lo partiría tanto.

Queda bien porque suena a extranjero. Y esto es así.

El faro. Convenientemente pintado de rojo para que destaque sobre el permanente gris nublado.

El faro. Convenientemente pintado de rojo para que destaque sobre el permanente gris nublado.

Llegó un punto en el que nos adentramos en la naturaleza, como buenos exploradores. El paisaje realmente no cambia en ningún momento, siempre prados con los mismos arbustos. Siguiendo las carreteras para encontrar una parada de bus (sí, seguía lloviendo), nos cruzábamos con otras personas, la mayoría locales en sus cómodos y calentitos coches. El faro, por cierto, resulta que forma parte de un complejo turístico y se pueden alquilar habitaciones. Aunque, honestamente, no sé quién se iría a Texel de vacaciones pudiendo irse hacia el sur. Sin ofender.

Es tan Casa de la Pradera...

Es tan Casa de la Pradera…

Poesía adolescente en neerlandés: "El sol de la tarde juega con el mar, ¿conmigo siempre te quedarás?" Sí, he cambiado el orden original para que rime. Soy un rebelde.

Poesía adolescente en neerlandés: “El sol de la tarde juega con el mar, ¿conmigo por siempre te quedarás?” Sí, he cambiado el orden original para que rime. Soy un rebelde.

Nos secamos en el bus y volvimos al punto de partida; para subirnos puntualmente al crucero que nos llevaría de vuelta a Den Helder (literalmente, cinco minutos después de bajar del bus, abrieron las compuertas). De nuevo, a gozarnos las tres horas de tren de vuelta. Pero bueno, que la experiencia es lo que cuenta, y la verdad es que Texel, sin ser nada del otro mundo, es diferente al resto de los Países Bajos. ¿Por qué? PORQUE NO TIENE CANALES. Lo sé. Espeluznante.

Como supongo debe estar pasando en medio mundo, Coca-Cola está con la campaña de "Comparte una Coca-Cola con..." Sjoerd. Sjoerd. ¿Qué nombre es ése?

Al igual que en medio mundo, Coca-Cola está con la campaña de “Comparte una Coca-Cola con…” Sjoerd. Sjoerd. ¿Qué nombre es ése?

Tras las dos entradas un poco desubicadas de las útiles páginas web, se agradecía (también yo) una entrada marca de la casa, con fotos maravillosas y anécdotas aleatorias. Aprovechando los últimos días en los Países Bajos, voy explorando todo lo posible. De todos modos, la guía de supervivencia volverá, y el que avisa no es traidor. ¡Hasta la siguiente entrada! (sea de lo que sea)

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