La finca Clingendael

¿Clingendael? ¿Esa palabreja del demonio no había aparecido ya antes en el blog? Pues sí. Clingendael no es el nuevo personaje de El Señor de los Anillos, sino el nombre de la finca que alberga los archiconocidos Jardines Japoneses (Japanse Tuin). Como ya escribí en su momento, no abre durante todo el año, si no que dejan ‘descansar’ al parque (como si tuviera mucho por hacer). Y así, durante la segunda vez que permanecía abierto durante mi Erasmus, fuimos a hacerle otra visita. Aunque esta vez, no sólo nos centramos en estos coloridos paisajes, sino que vimos un poco más de la finca.

Clin2

Entrar a la finca por una puerta diferente tiene sus ventajas: te obliga a explorar el terreno hasta que te encuentras con algo remotamente conocido. Nosotros, montados en nuestras bicis cual banda de moteros, torcimos dónde no era. Por este motivo, nada más entrar a la finca vimos algo absurdo en cualquier parte del mundo salvo en los Países Bajos: granjas. Sí. En medio de un parque. Tras los ‘ooooh‘ y ‘aaaah‘ de rigor con los animalicos (que te ignoran la mayor parte de las veces), continuamos nuestra aventura.

Ya puedes llevar una tonelada de zanahorias encima. El caballo te ignorará igual.

Ya puedes llevar una tonelada de zanahorias encima. El caballo te ignorará igual.

La primavera había llegado a La Haya (íbamos con abrigo todos, pero eh, que ya era primavera en los Países Bajos) y se notaba. Nos encontramos con dos parejas que realizaban sendos foto-reportajes para sus bodas, tanto dentro como fuera de los bucólicos Jardines Japoneses. Con su tropa de amigos, niños vestidos de traje, fotógrafos y demás. Y también con una limusina gigante en medio del camino. Me pareció admirable la maña con la que la novia mantenía limpio su vestido blanco, y más teniendo en cuenta que el suelo era de tierra.

Clin3

Clin4

Los Jardines Japoneses como tal no habían cambiado demasiado, aunque ahora con la llegada del ‘buen tiempo’ (las comillas son dolorosamente necesarias, a nuestro pesar) un hombre hacía las veces de cabina de información al cliente y repartía a los visitantes mapas de la finca. Había también más visitantes (incluyendo un grupo de turistas, que ya me dirás tú lo bien que debe vivir un guía de una atracción turística que sólo abre unos 2 meses y medio al año). Los mismos árboles de hojas rosas, mismo lago, mismas flores.

Este Buda desenfocado se encuentra en una de las decoraciones 'rollo-budista' del jardín. Supuestamente, si colocas una piedra en su estante, le estás haciendo una ofrenda. No sé si hay muchos budistas en La Haya, pero por seguir la tradición que no quede.

Este Buda desenfocado se encuentra en una de las decoraciones ‘rollo-budista’ del jardín. Supuestamente, si colocas una piedra en su estante, le estás haciendo una ofrenda. No sé si hay muchos budistas en La Haya, pero por seguir la tradición que no quede.

No, no tengo fotos de los novios. No sé si debería robarle la exclusiva de la boda a un holandés de dos metros de alto, no sé, a lo mejor no reacciona bien.

No, no tengo fotos de los novios. No sé si debería robarle la exclusiva de la boda a un holandés de dos metros de alto, no sé, a lo mejor no reacciona bien.

La visita no puede durar más de media hora (no lo digo yo, es que es físicamente imposible que encuentres algo que hacer a partir de los primeros 30 minutos). Por eso, fuimos a los Jardines Holandeses, que según dicen los guías turísticos (esos que trabajan dos meses y medio al año) son también una joya de la finca Clingendael. Son incluso más pequeños que los japoneses, y consisten en unos setos formando algo parecido a un ‘laberinto’. Un par de estatuas, y ya está, ya hemos montado nuestro propio jardín holandés. Aunque, según he leído, los supuestos jardines están decorados con árboles frutales. Sólo pueden existir tres alternativas:

1) los árboles frutales son un mito.
2) no eran los jardines holandeses.
3) eran árboles frutales, pero sin fruta. Porque sin sol, normal que no crezca nada.

Se admiten apuestas.

El hasta la fecha Jardín Holandés.

El hasta la fecha Jardín Holandés.

Tras parar en todo aquello que iba apareciendo en nuestro camino, decidimos ya abandonar la finca y sus granjas, mansiones, jardines y futuros matrimonios. Nuestra siguiente parada fue para comer pizza. (Elegancia) Y hasta aquí concluye esta secuela (que en este caso espero que no sea tan mala). ¡Nos vemos en la siguiente!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s