Auschwitz-Birkenau

AVISO: Este blog se escribe usando un estilo irónico y distendido. No es mi intención ofender a nadie. No creo que haya motivos para ello, de todos modos.

El último día en Polonia lo aprovechamos visitando el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, porque bueno, nunca se sabe cuando vas a volver a visitar Polonia. Tras coger el minibús desde la estación de Cracovia, llegamos al campo de concentración a eso de las tres de la tarde. El minibús sigue un método muy simple: si has comprado el billete con antelación, te sientas. Si se lo compras al conductor, te arriesgas a pasar todo el viaje de pie. Y no es coña. Así que en un minibús íbamos unas 20 personas, algunas de pie, ocupando el pasillo. Y es que ya se sabe, los cinturones de seguridad son para los cobardes.

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Aconsejo llegar a Auschwitz o bien muy pronto o a partir de las 3 de la tarde, porque así se puede hacer la visita sin guía, y por lo tanto, gratis. Polonia, muy generosa ella, nos quiso mostrar todas sus posibilidades meteorológicas y decidió que nuestro último día allí no podía ser apacible como los demás. No. Nos llovió durante todo el día, y nos hizo frío. Lo que hizo que la visita al campo de concentración fuera más… no sé, diferente.

El archiconocido letrero del 'Arbeit Macht Frei' (El trabajo os hará libres)

El archiconocido letrero del ‘Arbeit Macht Frei’ (El trabajo os hará libres)

Auschwitz (cuesta un poco aprender a escribirlo correctamente) es una serie de “pabellones/almacenes” donde recluyeron a miles de personas. La mayoría de los pabellones ahora están dedicados a exposiciones varias (generalmente los concentrados de Polonia, los de Holanda, los de Alemania, etc), aunque otros muestran los uniformes, las distintas celdas de tortura, el día a día de los reclusos. A medida que se van visitando las distintas partes del campo, varios carteles en tres idiomas cuentan interesantes anécdotas sobre el campo de concentración: el movimiento de resistencia, el número de reclusos, los trabajos forzados…

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Pabellón de Holanda. Todos los deportados.

Pabellón de Holanda. Todos los deportados.

Otras zonas que también sobrecogen son el muro de fusilamientos, una recreación de los crematorios y una horca para las ejecuciones públicas. La zona de Auschwitz se ve en menos de una hora aproximadamente, aunque depende de si quieres leer todos los letreros, entrar en todos los pabellones… Para visitar Birkenau, el campo de concentración ofrece un servicio de bus entre los dos campos de forma gratuita cada media hora. Seguía diluviando y éramos los únicos en el bus. Tras unos diez minutos de trayecto, llegamos a Birkenau (también conocido como Auschwitz II). Y guau, eso sí que impresiona de verdad.

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No voy a subir ninguna foto del campo en general porque no le haría justicia a la realidad. La visión de Birkenau es sencillamente sobrecogedora, porque los barracones se extienden hasta donde alcanza la vista. Un paisaje desolador y vallado, del cual no puedes ver el final. Muchísimos barracones, y casi todos vacíos, pero que aún así producen una sensación incómoda. Añade además la lluvia, el frío y el barro para una experiencia completa. Lo primero que se ve del campo de concentración es su entrada y su torre de vigilancia, que ahora tienen fines turísticos (en la tienda de regalos fue donde compramos chubasqueros, porque estábamos muy calados).

A modo simbólico, en la vía de tren que se interna en Birkenau aún se puede encontrar uno de los vagones que transportaba presos.

A modo simbólico, en la vía de tren que se interna en Birkenau aún se puede encontrar uno de los vagones que transportaba presos.

Más allá de la entrada, las ruinas de los barracones y, más a lo lejos, lo que quedó de los crematorios. Según cuentan los carteles, fueron destruidos por los soldados nazis para borrar pruebas, pero aún se pueden ver los cimientos y, francamente, son un montón. Si seguimos unos cientos de metros más adelante, llegamos a una especie de ruinas (a las que no nos podemos acercar por motivos de seguridad) y a un enorme monumento conmemorativo, que de forma alegórica simboliza el Holocausto y todas sus víctimas. Todo de un tamaño sencillamente gigante. Birkenau es desmesurado, mires por donde lo mires.

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En resumen: (en mi opinión) Auschwitz no es una visita triste, pero sí inquietante. Agradecí mucho que no intentaran darle un tono dramático, sino que simplemente presentaran el campo de concentración tal y como era, para que pudieras hacerte una idea de cómo funcionaron las cosas. Impresiona, tanto por el aspecto físico del lugar como por lo que obviamente ocurrió allí. Sin duda, es una visita que debería hacerse al menos una vez en la vida, para tomar conciencia.

Un poco de humor en esta entrada tan seria: en el monumento conmemorativo, hay placas para el recuerdo en muchos idiomas. Lo que se puede leer aquí no está escrito en español, sino sefardí o judeoespañol.

Un poco de humor en esta entrada tan seria: en el monumento conmemorativo, hay placas para el recuerdo en muchos idiomas. Lo que se puede leer aquí no está escrito en español, sino sefardí o judeoespañol. Tantas faltas de ortografía no podían ser posibles.

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¿Y nuestra vuelta a casa? Digamos que cogimos un bus nocturno de Cracovia a Varsovia (nuestro vuelo salía de allí, era más barato), pero al intentar comprar un billete nos enteramos de que esto no era el minibús hacia Auschwitz, sino que lo teníamos que haber comprado con antelación. Tras hacer un par de chanchullos con el conductor (que no sabía inglés, pero sí italiano), finalmente quedaron suficientes sitios libres para nosotros. Pagamos en negro, claro.

A mitad del camino, nos dice el muy cachondo que hay una parada intermedia y que, claro, si alguien ha comprado ya el billete, que nos tenemos que bajar. Ahora que ha pasado bastante tiempo, creo sinceramente que era una broma; pero en ese momento no estába de humor para esas cosas. Finalmente el cuarto de hora más agobiante de la semana pasó y pudimos dormirnos un rato hasta llegar a las flamantes siete de la mañana a Varsovia. Ciudad que no vimos nada de nada, porque nos fuimos directos a una cafetería a intentar despertarnos con un poco de café. Luego viajecito hasta el aeropuerto, llegada a Eindhoven (la ciudad más aburrida del mundo, quizás sólo superada por Amersfoort, recordemos), para posteriormente llegar a La Haya tras una hora y media de tren. Dios, qué pereza de regreso.

Y así concluye nuestro maxi-viaje de una semana de duración. Espero que haya sido una saga emocionante y llena de giros dramáticos, con un final feliz que contenta a toda la familia. Algo así como un ‘Harry Potter y el interrail chungo‘. ¡Hasta la próxima!

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