Las Crónicas de DUWO: ¿Dónde están las llaves?

En la primera parte de Las Crónicas de DUWO fui muy bueno con ellos, o eso me dijeron. Ahora, llega la segunda parte, que vendría a ser algo así como una sección de consejos para los que os atrevéis a vivir en una residencia DUWO. Si algo me ha enseñado la experiencia (mía no, de hecho, sino de otras personas), es que nunca, nunca, nunca, NUNCA, debes olvidarte las llaves o perderlas fuera de casa.

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Cuando llegas a la oficina DUWO a recoger tus llaves, te las entregan con una etiqueta en la que viene escrita tu dirección y número de habitación. Te ‘recomiendan‘ que retires esta etiqueta de inmediato para que no puedan entrar a tu habitación en el hipotético caso de que las pierdas. Luego, al final del semestre o año, la vuelves a poner y ya está. Y tan amigos. Veamos ahora las distintas posibilidades que se pueden dar:

  • Te dejas las llaves dentro

Algunas habitaciones DUWO sólo se pueden abrir desde dentro y por lo tanto, en cuanto cierres la puerta, reza por llevar tus llaves contigo, porque de otro modo tendrás que darte un paseo hasta la oficina (muchas veces en pijama o chándal porque era lo que llevabas puesto) para pedirles una copia de tus llaves y volver a acceder a tu amada habitación. Tendrás que dejar algo valioso para que te acuerdes de devolverlas (entiéndase teléfono móvil o algo). Ahora bien, como es bien sabido, en Holanda todo cierra a las seis de la tarde. ¿Qué hacer si te quedas encerrado a las siete, o durante los fines de semana? Ya te lo digo yo: quedarte a dormir en casa de un vecino/amigo o forzar la puerta (no es muy difícil, por lo que parece. Sólo necesitas paciencia).

  • Pierdes las llaves

Ésta es sin duda mi favorita. Antes de decírselo a DUWO, piensa: ¿realmente las has perdido o no las encuentras? Si sabes que están por ahí en algún lugar, búscalas, porque en el momento en el que le digas a DUWO que has perdido las llaves, te estás preparando para recibir un doloroso golpe en tu cuenta corriente. Por lo general tendrán que cambiarte la cerradura, hacer copias de la nueva llave y demás. Un gasto que asciende por lo menos a los 150 euros y que aumenta si compartes piso, pues tendrán que hacer una nueva copia para tu compañer@.

En las antiguas bases legales de DUWO se dice que si pierdes las llaves, pero aún conservas la etiqueta (y por tanto es difícil que accedan a tu casa), sólo tienes que pagar por las nuevas copias de las llaves. Cuidado: unos amigos míos lo intentaron y acabaron a gritos con ellos. Finalmente, tras recordarles ‘amablemente‘ sus propias bases legales, DUWO accedió a hacerles pagar sólo las nuevas llaves, aunque cambió la cerradura igualmente “por su seguridad“. Revisa las bases legales de DUWO, porque puede que este año ya no funcione así y no tengas tanta suerte.

PS. Dependiendo de la llave que tengas, puede que no sea posible hacer una copia, porque necesites una clave de seguridad. De todos modos, también entiendo que DUWO no quiera cincuenta llaves del mismo apartamento pululando por todo el mundo. No tiene que molar nada que estés en tu cuarto y aparezca un desconocido en plan “Yo me maté en esa curva”Yo viví aquí el año pasado, ¿qué te cuentas?

  • Te vas de La Haya

Evidentemente, tienes que devolverles las llaves. Mucho cuidado con los plazos de devolución y las horas para hacerlo: una amiga mía se encontraba de viaje (y obviamente, necesitaba volver a su habitación para recoger el resto de sus cosas) y no pudo devolver las llaves a tiempo. Envió un mail a DUWO explicando la situación. Fue inútil. Nuestra empresa favorita ha comprado acciones de la ANCH (Asociación Nacional de Cerrajeros Holandeses) y cobra comisión por cada cambio de cerradura. Obviamente a tu cargo.

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En otras palabras: cuida de tus llaves. DUWO tiene razones para ponerse tan pesado con la seguridad, pero desde luego son muy inflexibles en estos casos. Así que recuerda siempre llevar las llaves contigo, tener mucho cuidado de dónde las dejas y sobre todo, no perderlas. A no ser que te hayas enamorado del cerrajero, o te guste la bronca. Ah, y quítales la etiqueta, maldita sea. Todo sea para hacer tu estancia un poco más agradable, y gastarte el dinero en lo que realmente vale la pena.

PS. No, no existe la ANCH.

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Un pensamiento en “Las Crónicas de DUWO: ¿Dónde están las llaves?

  1. Pingback: Papeles y más papeles (III) | Una barba en La Haya.

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