Praga (II)

Finalmente he alcanzado tal maestría en la redacción y escritura de entradas sobre viajes a capitales de Europa, que voy a conseguir que Praga sólo me ocupe dos entradas (DÓNDE ESTÁ MI PULLITZER). A continuación los dos últimos días en Praga, una ciudad que ya habíamos visto en su mayor parte durante nuestro primer día entero allí. Nos quedaban elementos clave (véase el Castillo de Praga) y disfrutar de la ciudad en sí: lo teníamos todo a favor, incluyendo un maravilloso clima de unos 23ºC. Vamonó.

Praga19

Día 3: Castillos que albergan catedrales y esas cosas.

De nuevo, desayuno reparador a las malditas diez de la mañana en el hostal, y luego, una escalada nada despreciable hasta el Castillo de Praga. Sí, la zona de Malá Strana es todo cuesta y no nos quedó otro remedio que disfrutar de los veintitantos grados haciendo alpinismo (sarna con gusto no pica, o eso dice mi abuela). En realidad, el Castillo de Praga no es un castillo en sí, sino un conjunto de edificios e iglesias que forman una zona turístico-histórica por su cuenta. Claro, así te dice Wikipedia que es el castillo más grande del mundo, porque tiene entre otras cosas el Palacio Real, la Catedral de Praga y demás. Hay que reconocerlo, se lo han montado bien los checos.

El 8 de Mayo se celebra el Día de la Victoria. Y para la ocasión nos encontramos con esta comitiva de hombres uniformados.

El 8 de Mayo se celebra el Día de la Victoria. Y para la ocasión nos encontramos con esta comitiva de hombres uniformados.

Entre otras cosas, lo que se debe visitar sí o sí del castillo son la Catedral de Praga (que tiene un mural hecho por el mismísimo Mucha), una iglesia que se llama Loreta (si has visto La Vida de Brian quizás no puedas evitar una sonrisa, como me pasó a mí), unos jardines enormes llenos de flores (también tulipanes, que desfachatez, copiando a Holanda), y demás sitios de interés para los que tendréis que comprar una entrada. Por muy barata que sea la República Checa, nosotros no lo hicimos. Que no voy a ser yo el que diga que no vale la pena, pero no soy fan del turismo de iglesia. (Y además, la Catedral la puedes ver entera sin pagar el ticket).

Productos de higiene personal con olor (que no sabor, vaya) a mojito. Por si los limones salvajes del Caribe te sabían a poco.

Productos de higiene personal con olor (que no sabor, vaya) a mojito. Por si los Limones Salvajes del Caribe te sabían a poco.

La Catedral de Praga, desde fuera. Obviamente.

La Catedral de Praga, desde fuera.

Puedes pasear por las callejuelas de edificios de colores, hacerte una foto con los guardias del castillo (que, por obligaciones de contrato, no pueden moverse), disfrutar de una comida en los restaurantes cercanos (que irónicamente son más baratos), ver a lo lejos el Monasterio de Strahov, pasearse por los jardines donde tocan música en directo, o simplemente tumbarse en el césped. Uno de los atractivos turísticos más conocidos del castillo es el Callejón del Oro, célebre por albergar una de las casas dónde vivió Kafka a lo largo de su vida. Kafka es algo así como la Torre Eiffel de Praga: el souvenir perfecto. Lo encontrarás en toda tienda de regalos, y habrá sitios supuestamente turísticos por tratarse de una de las casas de Kafka, dónde trabajó su padre, etc. Luego llegas a una tienda de recuerdos y no tienen La Metamorfosis en español. Mal.

La Metamorfosis quizá no, pero sí venden biografías de Madonna y Kylie Minogue en alemán. Es cultura, lo dice Kafka.

La Metamorfosis quizá no, pero sí venden biografías de Madonna y Kylie Minogue en alemán. Es cultura porque lo dice Kafka.

El Callejón del Oro ha sido modificado de una manera bestial, así que no quedan rasgos históricos; sino que todas las casas han sido convertidas en pequeñas tiendas de marionetas, libros (de Kafka), cristal… Truco para turistas: el Callejón pasa a ser gratuito a partir de las 5 de la tarde. De nada. Si seguimos bajando las escaleras, nos encontraremos con el Museo (Kafka) y más callejuelas de colores.

Estas pedazo de vistas de Praga. Es bonita, la jodía.

Recomiendo encarecidamente (se me había pasado hasta ahora) el bollo típico de Praga, que es algo así como un hojaldre recubierto de azúcar glas y que se cocina enrollado a un listón de madera que gira constantemente sobre un fuego (al más puro estilo cerdo con manzana insertada en la boca). Es la merienda perfecta y si no recuerdo mal, era asequible. Hice una foto del susodicho bollo, pero salió tan desenfocada que hasta Photoshop me ha dicho que no hay nada que hacer.

Pero yo la subo igual porque me debo a mis lectores.

Pero yo la subo igual porque me debo a mis lectores.

Día 4: No me quiero ir de esta ciudad, maldita sea.

Tocaba último día en la capital checa. De nuevo, desayunamos temprano y volvimos a la zona del castillo para recoger nuestros billetes de tren (detalles más adelante). Nos adentramos en un jardín cercano al Senado, que no habíamos podido visitar el día anterior porque ya estaba cerrado. Una especie de laberinto vegetal, con pavos reales y una escultura gigante de color grisáceo cubriendo totalmente una de las paredes, que representaba algo así como un jardín secreto y misterioso. Fuentes, campos de césped perfectamente recortados, flores. Un señor jardín, vamos.

Praga24

Me siento especialmente orgulloso de esta foto.

Me siento especialmente orgulloso de esta foto.

La siguiente parada fue el Museo Mucha, situado en la Plaza del Ayuntamiento. Vale unos cuatro euros y, si bien tiene una colección aceptable de obras, me esperaba ver algunas un poco más conocidas (ejem, ejem). En el mismo edificio también se exhibían obras de Dalí (y no tengo ni idea de por qué). Me hubiera comprado media tienda de regalos, pero salvo los marcadores de lectura y algún que otro cuaderno, se salía todo de presupuesto. Ya si eso espero a que hagan una exposición de Mucha en el Museo Dalí de Barcelona, o algo.

Una de las muchas obras que se pueden admirar.

Una de las muchas obras que se pueden admirar.

Ya tocaba el último paseo por la ciudad. Realmente lo habíamos visto todo y por ello nos dirigimos a la Plaza de Wensceslao (dónde también se encuentran la Galería Nacional y la Ópera) a pasear, porque allí se encuentran las principales tiendas. Cuando ya se acercaba la noche, fuimos a la estación principal de tren, cenamos algo, y cogimos el tren nocturno Praga-Cracovia. El trayecto dura unas 8 horas (22:30-6:40) y puedes elegir entre compartimento o cama. El compartimento cuesta unos 45 euros, y lógicamente la cama es más cara. De la experiencia del viaje hablaré en la siguiente entrega (Cracovia, por si acaso alguien tenía dudas), pero voy adelantando que no dormimos demasiado. Dejo aquí la web dónde compré los tickets.

En la estación de tren de Praga podías adquirir discos llenos de temazos en checo por tan sólo dos euros y medio. Y yo dejándome el discman en España.

En la estación de tren de Praga podías adquirir discos llenos de temazos universales por tan sólo dos euros y medio. Y yo dejándome el discman en España.

Pues esto ha sido todo sobre Praga: una ciudad maravillosa, muy bonita y con bastantes cosas que visitar. Un poco saturada de turistas, pero si obvias ese pequeño (a veces agobiante) detalle merece la pena visitar la capital checa. Y más en primavera, cuándo todavía no hace un calor sofocante pero ya puedes ir en manga corta y no congelarte vivo. Recomiendo viajar desde un país dónde el sol no sea muy popular para maximizar el disfrute climático. Lo dicho, que Praga mola un montón. ¡Hasta otra!

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Un pensamiento en “Praga (II)

  1. Pingback: Cracovia | Una barba en La Haya.

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