Apeldoorn

Tras un día movidito, todavía me quedaban fuerzas para explorar una ciudad más de los Países Bajos. De nuevo, “primer tren hacia cualquier parte“. Así, sin comerlo ni beberlo, y después de un viaje bastante largo en tren, llegué a Apeldoorn. Tampoco conocía dicha ciudad, pero tras la emocionante, inolvidable y trepidante visita a Amersfoort (no), tenía curiosidad por ver que me encontraba. #Spoiler: hay una orquesta y todo.

La plaza del ayuntamiento.

La plaza del ayuntamiento.

Comencé mi visita a una hora poco apropiada para el turismo: las ocho de la tarde. Sí, en España casi todo estaría abierto, pero ya me he quejado demasiadas veces de los horarios de apertura de todo en este país (aunque en realidad es mi tema favorito, las cosas como son). Tras una pequeña caminata desde la estación, llegué al centro de la ciudad, que se componía de (literalmente) calles desiertas abarrotadas de tiendas cerradas. Tal cual. Andabas y andabas y todos los carteles turísticos te llevaban a las zonas comerciales, que, obviamente, no resultaban de mucha utilidad.

Si algún día necesitáis un decorado para una película post-apocalíptica...

Si algún día necesitáis un decorado para una película post-apocalíptica…

Deambulé por las desiertas calles e incluso encontré algunos supervivientes (refugiados principalmente en un McDonalds y un par de cafés situados en la plaza mayor). Apareció una zona de la ciudad en la que se acababan las tiendas (por fin, un respiro) y empezaba la zona residencial. Vamos, que no había un centro como tal. O tiendas o viviendas (suena a eslogan de manifestación).

Y entonces llegó la salvación divina.

Y entonces me encontré algo diferente. Menos mal.

Una vez pasada la iglesia de la foto, me encontré con un mapa (versión “Usted está aquí”) y comprobé que realmente no iba a encontrarme nada interesante yendo más allá. (Entiéndase más allá como la dirección opuesta a mi única forma de volver a casa). Así que decidí dar media vuelta y volver hacia el laberinto comercial, pero pasando esta vez por las zonas residenciales. Y entonces apareció un grupo de soldados.

Foto-profunda de EL parque de Apeldoorn. Por motivos a explicar.

Foto-profunda de EL parque de Apeldoorn. Por motivos a explicar.

Me di cuenta de que las calles estaban cortadas para el tráfico y que no paraban de aparecer soldados en el horizonte. Cuando finalmente encontré a alguien que no llevaba ninguna medalla colgada del pecho, le pregunté que qué pasaba. Resulta que durante el 4 de Mayo, los holandeses celebran el Día de la Conmemoración Nacional (Nationale Dodenherdenkingconmemorando a los caídos en la II Guerra Mundial. A eso de las ocho de la tarde comienzan las ofrendas florales y se guardan dos minutos de silencio.

Un homenaje como está mandado: con su estatua conmemorativa, su antorcha, su orquesta sinfónica (muy útil para los dos minutos de silencio)...

Un homenaje como está mandado: con su estatua conmemorativa, su antorcha, su orquesta sinfónica (muy útil para los dos minutos de silencio), sus flores…

Allí se encontraba medio Apeldoorn y un buen porcentaje de las Fuerzas Armadas de los Países Bajos. Todos, haciendo cola, esperaban su turno para ofrecer sus respetos a la estatua conmemorativa y dejar una flor. Un grupo de “exploradores juveniles” formó un corro y recitó algo en el bello idioma neerlandés. Una mujer me explicó que es una tradición muy importante, y que el día siguiente siempre es festivo. Llegó un momento en el que no había nadie más en la cola, y empezaron a recogerlo todo. Y yo seguí andando.

Apel6

Y nada, ya se hacía de noche y no había mucho más que ver. También estaba cansado de tanto andar y me esperaba una hora y media (al menos) de tren. Cuando decidí por fin irme, el tren hacia La Haya vino con retraso. Fueron quince minutos de pie en la estación de lo más entrañable. Luego, ya en casa, me dijeron que en Apeldoorn hay un castillo gigante barroco con sus correspondientes jardines. A 40 minutos andando desde la estación. Va a ser que no.

* * * * *

Ésta ha sido la crónica de un día de turisteo muy intenso y variado. Ni que decir tiene que al volver tardé nada y menos en irme a dormir; pero eso es otra historia. ¡Hasta la siguiente!

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Un pensamiento en “Apeldoorn

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