Amersfoort

Y nada, ese “tren a cualquier parte” que cogí me llevó a Amersfoort, una ciudad que sigo sin tener ni idea de dónde está. No, literalmente, necesito el mapa del servicio del tren para situarla en los Países Bajos. Pero no pasa nada, no es una ciudad cuya visita sea imprescindible: a decir verdad, saliendo de la zona central no tiene demasiado que ver. De todos modos: Amersfoort, damas y caballeros.

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Tras abandonar la estación de tren, llegué al centro de la ciudad en unos diez minutos. Amersfoort es (o solía ser, mejor) una ciudad amurallada, y fuera de esos límites la ciudad en sí se acaba, el resto son viviendas modernas que acogen a toda la población. Lo primero que me encontré a las afueras fueron el Ayuntamiento, museos (ya cerrados) y una especie de presa (cómo si les faltara el agua).

Foto profunda de las vías del tren.

Foto profunda de las vías del tren.

Estatua situada enfrente del ayuntamiento.

Estatua situada enfrente del ayuntamiento.

Tras agotar la combinación jardines de las afueras + canales, podemos adentrarnos en la ciudad antigua en sí. Las murallas son todas iguales, entres por donde entres, y ahora sirven como vivienda (había un par en alquiler por si le interesa a alguien). Lo que descubrimos dentro se puede dividir entre la zona comercial (calles y calles y calles y más calles llenas de tiendas) y el casco antiguo (en el que también incluimos parques varios, la Plaza Central, la Plaza del Mercado, los canales, etc).

Una de las plazas centrales de la ciudad.

Una de las plazas centrales de la ciudad.

No hay por dónde coger el nombre corporativo éste.

No hay por dónde coger el nombre corporativo éste.

Y aunque parezca mentira, tampoco hay mucho más que contar de Amersfoort. Iglesia, jardines, plazas, casas, muchas tiendas. No tiene nada distinto, nada que lo haga diferente. Es una ciudad que sí, vale, tiene su encanto, pero tras venir de Den Bosch, me supo a poco. También puede ser que cuando llegué ya estaban cerrando las tiendas (aunque no eran ni las 6 de la tarde, maldita sea) o que se nubló (aunque no llovió, menos mal). Tras una meriendacena frugal en un McDonalds (la elegancia es mi razón de ser), me di un último paseo por la ciudad, y bueno, acabé en la estación.

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A todo el mundo le gustan los gatos, ¿no?

A todo el mundo le gustan los gatos, ¿no?

Y bueno, esto ha sido Amersfoort. Aún me quedaba por descubrir una ciudad más, y de nuevo seguí el procedimiento “coger tren a ninguna parte“. En cuanto a Amersfoort, no es mal sitio, pero en mi opinión hay ciudades de los Países Bajos más entretenidas dónde pasar la tarde (Maastricht, Dordrecht, Den Bosch, por decir algunas). ¡Hasta la siguiente!

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3 pensamientos en “Amersfoort

  1. Pingback: Apeldoorn | Una barba en La Haya.

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