Remember nº11: Día de la Reina en Amsterdam

Llegó el día que todos estábamos esperando: el Día de la Reina (Koninginnedag). Finalmente llegaba el buen tiempo (bueno, realmente había hecho frío, pero ese día misteriosamente salió el sol), llegaban las ganas de celebrar algo, y sobre todo, llegaba el momento de descubrir por qué el naranja es el color nacional de los Países Bajos, cuando no aparece por ningún sitio el resto del año. Si bien había celebraciones por todo el país, pensamos “un día es un día” y acabamos disfrutando en Amsterdam, como buenos guiris.

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El día comenzó con un madrugón: supuestamente, la estación de trenes de Amsterdam se colapsa por toda la gente que va a la ciudad y por eso debes coger un tren a primera hora de la mañana, para asegurarte de que no te pueden echar. (De todos modos, sabiendo que siempre pasa lo mismo toooodos los años, me parece una falta de previsión enorme). Perdimos el primer tren, pero al final conseguimos llegar a Amsterdam a eso de las 11. Perfecto para perdernos la coronación del nuevo rey de los Países Bajos Guillermo Alejandro (sí, otra razón por la que este Día de la Reina era especial).

La manía naranja lo invadía todo. Y por si no llevabas suficiente de casa, siempre podías comprarte algo en los miles de puestos repartidos por la ciudad.

La manía naranja lo invadía todo. Y por si no llevabas suficiente de casa, siempre podías comprarte algo en los miles de puestos repartidos por la ciudad.

Vayas cuando vayas a Amsterdam, siempre encontrarás fiesta en alguna parte. El Día de la Reina no iba a ser una excepción, y nos encontrábamos pequeños escenarios repartidos por la ciudad, en distintas zonas turísticas. A decir verdad, había mucha gente en Amsterdam, pero no tanta como nos habían hecho creer. Exagerados que son los holandeses con tal de promover el turismo.

Queen2El Día de la Reina (el año que viene ya Día del Rey o Koningsdag) se encarga de desmentir todos aquellos tópicos de que los holandeses no saben divertirse. ¿Cómo? Apareciendo en todos los canales de televisión del mundo (de hecho, me encontré con los de Antena 3) y bebiendo en la calle.

Aunque esto no es del todo cierto: sólo te dejan llevar una unidad de bebida, entiéndase botella, lata, garrafa de cinco litros o camión cisterna. Pero sólo una. También es costumbre y tradición vender los objetos que ya no utilizas en la puerta de tu casa (en neerlandés se llama Vrijmarkt), pero a decir verdad sólo nos encontramos un par de puestos, y eran todos de comida. Nada vintage.

Sí. Tulipanes. Finalmente los encontramos. Y naranjas, claro.

Sí. Tulipanes. Finalmente los encontramos. Y naranjas, claro.

La mayor parte de las celebraciones se centraba en Museumplein (la plaza cercana al Rijksmuseum, o, en otras palabras, la plaza dónde están las letras de IAmsterdam). Allí estaba la mitad de los Países Bajos, un montón de cámaras de canales de televisión extranjeros, y un escenario gigantesco con pantallas LED de alta definición a cada lado (en el Día de la Reina lo dan TODO). Más canciones en holandés, mas histeria colectiva, más color naranja, más diversión. También cabe decir que a eso de la hora de comer el tiempo concedió una tregua y pudimos festejar con sólo una sudadera, y los más osados, en camiseta.

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La fiesta no se acabó a las 6 de la tarde, en un claro contraste con el ritmo de vida holandés. Los neerlandeses se iban desplazando de una zona de la ciudad a otra dependiendo de las celebraciones reales (parece ser que el nuevo rey estuvo paseándose por la ciudad saludando a sus amados compatriotas). Nosotros, como ni sabíamos que había actividades “reales” ni nos importaba demasiado, fuimos deambulando por la ciudad.

Es tradición alquilarse un barco (o comprarlo, eso ya depende de ti) y recorrer los bucólicos canales de la ciudad mientras bebes Heineken.

Es tradición alquilarse un barco (o comprarlo, eso ya depende de ti) y recorrer los bucólicos canales de la ciudad mientras bebes Heineken.

Si los festivales de música son algo recurrente en la capital neerlandesa, durante el Día de la Reina puedes encontrarte fácilmente con quince festivales distintos, uno en cada parque/discoteca grande de la ciudad. Recomendación personal: si eres un gran fan de la electrónica indie (entiéndase DJs que no conoce el 95% del planeta) los festivales te encantarán, pero en la mayoría son todo nombres desconocidos. Dicho de otro modo: en los que tocan artistas conocidos, las entradas se agotaron muy pronto. Antes de que pisáramos Holanda por primera vez, más o menos.

Cartel de despedida al lado de la estación Amsterdam Centraal: Gracias por su visita y hasta el año que viene.

Cartel de despedida al lado de la estación Amsterdam Centraal: Gracias por su visita y hasta el año que viene.

Y a grandes rasgos, esto fue todo. Mucha música, mucha gente, mucha fiesta, mucha diversión, mucho cansancio al final. Sin duda es una experiencia OBLIGATORIA para cualquier Erasmus en los Países Bajos (aunque no tiene que ser en Amsterdam, claro). Y sí, ver a todos los holandeses vestidos de naranja cantando y saltando por la calle no tiene precio.

PS. Al igual que hice en San Patricio, volví a teñirme el pelo con un spray por aquello de encontrar un disfraz bueno, bonito y barato (las tres B, filosofía erasmus). Y por eso, para seguir con la tradición; nada como una foto de mi pelazo para cerrar la entrada, esta vez de naranja. Feliz Día de la Reina (o Rey, ni idea) a todos. ¡Y hasta el año que viene!

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Resultado natural. 100% cobertura de canas. Mis amigos ni lo notan. Es como si rejuveneciera diez años.

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