Heineken Experience

Volvemos a la capital, Amsterdam. Sin duda, en Amsterdam se pueden visitar mil y una cosas diferentes, y una de ellas es la Heineken Experience (una forma cool de decir “una exposición sobre la cerveza estrella del país”). Situada un poco lejos del centro, quizás no sea tu primera opción al visitar por primera vez la ciudad, pero una vez que ya te conoces las zonas que no te puedes perder de Amsterdam, pues como que te alejas  del Barrio Rojo y los canales. Y te dispones a entrar en un universo verde y burbujeante.

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La entrada a la Heineken Experience vale la friolera de 18€, aunque si reservas la entrada online te saltas hacer cola y te ahorras dos euros (guaaaaaauu, qué ahorro). También puedes acercarte a uno de los miles de representantes de la oficina de tours de Amsterdam para pedirles un cupón de descuento de un euro en cada entrada (de nuevo, guaaaaau). En fin, la entrada a la Heineken Experience consiste en una pulserita reshulona* de color verde con tres fichas de color verde y blanco (colores corporativos, vamos).

Mapamundi del Imperio Heikenen. Nos alegra ver que Heineken ha querido unir su estrella con la de Madrid.

Mapamundi del Imperio Heikenen. Nos alegra ver que Heineken ha querido unir su estrella con la de Madrid.

Si habéis ido a alguna de estas “fábricas temáticas” o algo parecido, probablemente os sepáis la temática: primero te hablan de la historia de la empresa, el creador, cómo evolucionó, el producto, cómo se fabrica la Heineken, etc. Una clase de comunicación corporativa como un templo, vamos. En general, si eres fan de la cerveza, te gusta Heineken o simplemente tienes curiosidad, la Heineken Experience es bastante recomendable.

Salas dónde la "proto-cerveza" fermenta. A tamaño real. También te dejan "moler el grano" y probar a qué sabe la cerveza antes de fermentarse (pista: sabe a zumo de muesli).

Salas dónde la “proto-cerveza” fermenta. A tamaño real. También te dejan “moler el grano” y probar a qué sabe la cerveza antes de fermentarse (spoiler: a zumo de muesli).

La Heineken Experience presenta cosas muy curiosas, la verdad. Tras fermentar cerveza y demás, pasas a una cuadra dónde parece ser que cuidan a los caballos que transportan (o transportaban, no estaba prestando toda mi atención) la cerveza a toda la ciudad. Y luego haces cola para una de las atracciones más absurdas/diferentes de la visita: entras a un simulador donde te transformas en cerveza Heineken. Y sí, “sientes” como fermentas, te transportan y te embotellan. Aunque digan que personas embarazadas, con problemas de espalda y demás no deberían pasar, en mi opinión no es un simulador tan fuerte. Tiembla el suelo un par de veces y ya. Pero oye, tú hazles caso, no vaya a ser que te desmotes cuando te embotellen.

Sí, son botellas con bombillas dentro.

Sí, son botellas con bombillas dentro.

A partir de ahí llegas a la zona “siglo XXI” de la visita: todo son anuncios y carteles de Heineken, música electrónica, buen rollito, tumbonas, publicidad y patrocinios de Heineken… en definitiva algo así como una zona de descanso pagada por la marca. Que no falten las zonas interactivas: unas máquinas para que compruebes virtualmente si serías capaz de tirar una caña perfecta, cámaras para grabar tu propio videoclip, webcams para hacerte fotos con fondos de Heineken… etc. Mientras que en la visita cultural propiamente dicha no tendrás muchos problemas para avanzar, aquí está todo bastante saturado.

Una de las susodichas cámaras.

Una de las susodichas cámaras.

Y por supuesto, qué sería de la Heineken Experience sin su cerveza. A lo largo de la visita se pueden degustar tres vasos de Heineken. El primero es el más pequeño, y te lo sirven para hacer una degustación guiada del producto. Que es un paripé, sí, pero mola. Luego, ya al final, puedes usar las dos fichas verdes de tu pulsera para canjearlas por dos cañas, o dos refrescos (sólo vi un refresco en la sala, y era de una niña de 10 años). Así que nada, entre el buen rollito, la música, la cerveza… pues al final la visita se alarga más de lo planeado. Se está bastante bien allí, la verdad.

Heineken6Y en la parte final, como no, la tienda de regalos. Cualquier cosa que puedas imaginar con el logo de Heineken, allí la tienen. A un precio un tanto desorbitante, pero lo tienen. También puedes grabar tu nombre en una botella de Heineken y recogerla al final, sale por unos 6€. Por cierto: la ficha blanca de tu pulsera puede ser intercambiada por un regalo, pero no en la Heineken Experience, sino en la Brand Store. A unos 20 minutos andando, cerca de Rembrandtplein. No hace falta que compres nada, sólo entra, dale la ficha a la sonriente dependienta, coge tu regalo y vete. Ellos saben que vas a por lo que vas.

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Y aquí acaba la visita a la Heineken Experience. Dependiendo de a quién preguntes, es un timo porque pagas 17€ por dos cervezas, o es una pasada. Cada uno con su criterio.

*Para el que no lo sepa: reshulona es un adjetivo como muy de barrio que significa guay, bonita, “modelna”. No recomiendo su uso fuera del ámbito irónico.

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3 pensamientos en “Heineken Experience

  1. Nosotros acabamos borrachos a las 4 de la tarde…. Creo que es más que recomendable. Por cierto, la botella la tenemos en el mueble del salón jejejej…

  2. Pingback: Amsterdam (II) | Una barba en La Haya.

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