Bruselas (I)

Tras un día de aventuras en Amberes y Gante, finalmente llegamos a Bruselas. Había sido un día agotador y el siguiente tenía pinta de ser bastante parecido. Curiosamente, no esperaba que Bruselas fuera a alargarse tanto, pero al final he tenido que dividir el día en dos entradas para no escribir un testamento. Así que nada, éstas son las anécdotas del segundo y último día de vacaciones en Bélgica: destino Bruselas.

Bruselas8

Nuestro hotel, llamado La Potiniere, estaba un poco lejos del centro, más concretamente en la estación de tren Bruselas-Norte. Sin ánimo de criticar, diré que la zona no es de lo más turístico del mundo, y mucho menos segura (me intentaron robar en la estación de tren, menos mal que una amiga iba atenta). Del hotel… bueno, digamos que es el más barato de Bruselas por una razón. Dependiendo de dónde leas las críticas, puede ser o la alternativa calidad/precio más barata o el mayor antro en el que hayas estado. En mi opinión, el hotel es muy cutre, pero si puedes vivir con una ducha empotrada en la pared, no está tan mal. Nosotros pagamos 13€ cada uno y nos incluyeron desayuno (pan con mermelada y mantequilla, café y zumo). Cada uno se contenta con lo que quiere.

Las bucólicas vistas del hotel.

Las bucólicas vistas del hotel.

Tras desayunar, cogimos un bus para llegar al Parlamento Europeo, que finalmente resultó estar cerrado debido a una revisión (también es mala suerte) y sólo los grupos que ya habían reservado podían pasar. Así que nos contentamos con su versión menos oficial y más interactiva, el Parlamentarium. También de entrada gratuita, estaba lleno de gente rebotada del Parlamento y en general cuenta la historia de la Unión Europea, el Parlamento y los grupos parlamentarios. Todo muy interactivo.

El Parlamento. Por fuera, claro.

El Parlamento. Por fuera, claro.

Edificio cercano al Parlamento.

Edificio cercano al Parlamento.

Bruselas es una ciudad verdaderamente curiosa: supuestamente es una zona bilingüe donde todo el mundo habla francés y neerlandés/flamenco (repito: supuestamente). Pero es que, además, en la zona del Parlamento Europeo, raro es no encontrarte con una persona que además de esos dos idiomas, domine también el inglés y el español. Y de vez en cuando también hablan otro idioma adicional. Vamos, que si no encuentras a alguien que te entienda, mal lo llevas.

El Parlamentarium mostraba las distancias a cada una de las sedes de la Unión Europea. Chúpate ésa, Amsterdam.

El Parlamentarium mostraba las distancias a cada una de las sedes de la Unión Europea. Chúpate ésa, Amsterdam.

Las vidrieras del susodicho Parlamentarium, muy bonicas.

Las vidrieras del susodicho Parlamentarium, muy bonicas.

Tras la exposición del Parlamentarium (que, aunque interesante, fue bastante laaarga), comimos y ya nos pusimos en marcha para ver el centro de la ciudad (que a las 9 salía nuestro último tren y no nos queríamos perder nada). El Metro de Bruselas está bastante bien montado para el turista: por unos 6€ puedes comprar una tarjeta diaria que te permite montar todas las veces que quieras. Cabe mencionar que el metro de Bruselas es un completo laberinto, donde puede que descubras que dos andenes en la misma plataforma no tienen porque pertenecer a la misma línea en distintos sentidos. Vamos, que toca leer signos (traducidos a francés y neerlandés, eso sí).

La Haya está presente en Bruselas.

La Haya está presente en Bruselas.

LE CIRIO. Es gracioso porque es español, jajaja

LE CIRIO. Es gracioso porque está en español, jajaja

Y ya por fin, llegamos a la Grand Place (Grote Markt o Plaza Mayor para los amigos). Bruselas engaña mucho, y tras esa fama de aburrida y administrativa, en realidad se encuentra una ciudad muy bonita y con bastante vida (en cuanto te alejas del parlamento y te acercas al centro, claro). La Grand Place se encontraba abarrotada de turistas y de restaurantes / tiendas de chocolate (hay una cada 15 metros y no exagero). Allí se encuentran también el Hard Rock Café y la Boutique Tintin (dónde hicimos una parada). Una periodista me preguntó si podía decir Tintín a la española a un micrófono para un programa de no se qué. (La pronunciación original es “Tantán” (acento francés)).

La Grand Place.

La Grand Place.

Y la tienda Tintín.

Y la tienda Tintín.

Hasta aquí la primera parte de Bélgica. En la siguiente, más atracciones turísticas, más cosas raras y… comida. ¡Hasta entonces!

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Un pensamiento en “Bruselas (I)

  1. Pingback: Bruselas Reloaded | Una barba en La Haya.

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