Utrecht. Segunda Parte

Como el título indica claramente, ya había estado anteriormente en Utrecht. Sin embargo, debido al escaso tiempo que tuve para visitar la ciudad (digamos una hora y poco), me quedé con las ganas de ver más y así mejorar mi opinión sobre la ciudad. Así que un sábado, ni corto ni perezoso, cogí un tren para visitar a mi querida Laura, que se encuentra actualmente viviendo allí. Así que sí, aquí va la crónica de la segunda visita a la ciudad de Utrecht.

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Asociaciones de Utrecht organizan de vez en cuando tours gratuitos por la ciudad de unas tres horas de duración (vamos, para no dejarse nada) y habíamos quedado unos minutos antes en la estación de tren para así llegar a tiempo. Entre que yo llegué un pelín tarde (un defecto encantador, a mi parecer) y que tardé un montón en encontrarlos, llegaron las doce. Pero bueno, nada que no pudieran solucionar un buen par de bicis a un ritmo constante.

La torre del agua de Utrecht.

La torre del agua de Utrecht.

Sin embargo, llegamos a las doce y cuarto a la plaza central, y a pesar de lo mucho que intentamos contactar con el grupo, no hubo manera. Bueno, no pasa nada: evaluación de alternativas. Decidimos ir en bici a los distintos puntos turísticos de la ciudad con la esperanza de cruzarnos tarde o temprano con el grupo, aunque a pesar de recorrer la ciudad unas cuantas veces, no tuvimos esa suerte. Sin embargo, se pudo decir que vi Utrecht unas cuantas veces. Hay que ser positivo en esta vida.

Una iglesia de Utrecht, con una estatua de Ana Frank a la entrada.

Una iglesia de Utrecht, con una estatua de Ana Frank a la entrada.

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Uno de los muchos molinos de la ciudad. Los planos contrapicados son mi especialidad.

Así que nada, pasamos el día recorriendo la ciudad, tanto a bici como a pie. Utrecht tiene más para enseñar de lo que pensaba tras mi primera visita. Si te alejas de la zona de los canales (la cual parecía la más activa entonces), descubres una serie de callejuelas que te van llevando a diferentes partes de la ciudad: otras plazas, la universidad, la torre del agua, etc. Además, Utrecht presentaba bastante actividad, con varios mercadillos callejeros y todas las tiendas abiertas (era sábado, pero ya me espero cualquier cosa de este país, la verdad).

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La casa okupa de Utrecht. Y mi dedaco en la esquina.

Tras pasar el día recorriendo la ciudad, decidimos ir a un bar cercano a los canales para tomar algo. Cual fue nuestra sorpresa que al entrar allí (Kafe België) y pedir la primera cerveza, nos encontramos a la gente que llevábamos buscando durante todo el día. Así, tal cual. La vida tiene estas pequeñas ironías, qué le vamos a hacer.

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La extensa oferta de cerveza del café en cuestión.

Tras eso, poco más que decir. Volvimos a la estación y protagonicé el segundo momento divertido del día: en algún momento del día perdí el billete y tuve que comprar otro (bueno, realmente podría arriesgarme a no pagar esos diez euros, pero estando las multas como están de caras, pues casi que no).

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La Universidad de Utrecht (una de las más prestigiosas del país) es tan grande…

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…que necesito dos fotos para que queda en el blog.

Y bueno, en pocas palabras, la segunda visita a Utrecht me dejó con un mejor sabor de boca y una opinión más favorable de la ciudad. Aunque como dice Laura, “a la tercera va la vencida“. Y, teniendo en cuenta que llega la primavera (holandesa) y con ello el buen tiempo y las terracitas, no puedo por menos que darle la razón. ¡Hasta la siguiente!

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3 pensamientos en “Utrecht. Segunda Parte

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