Middelburg, ciudad fantasma

Tenía en mi poder una Dagkaart y caducaba al día siguiente, así que había que usarla sí o sí. En pocas palabras, una Dagkaart es un billete que te permite ir a cualquier parte de Holanda en tren y realizar todos los viajes que quieras durante un día. Es, por tanto, algo enormemente práctico cuando quieres viajar a las zonas más alejadas de La Haya (Maastricht, Groningen, etc). En general tiene un precio de cuarenta y muchos euros, pero nuestra droguería favorita (también conocida como Kruidvat) los vendía a trece euros. Ni que decir tiene que compré cuatro.

Como para ese domingo se anunciaba lluvia, decidí irme al sur del país, con la esperanza de que la lluvia no estropeara mi domingo de turisteo. Así acabé en la capital de la provincia de Zelanda, Middelburg.

El título va en serio. La ciudad estaba desierta.

El título va en serio. La ciudad estaba desierta.

A pesar de que el cielo estaba nublado, nunca llovió, lo cual se agradeció bastante (aunque tuve que cargar con mi inútil paraguas todo el día). Las calles de Middelburg estaban desiertas y a lo largo del día sólo nos cruzamos con unas seis o siete personas más. Todas las tiendas estaban cerradas, y la oficina de turismo no era una excepción. Así que nos dimos un bonito paseo a ver que encontrábamos por el camino.

El ayuntamiento. Idéntico a todos los demás.

El ayuntamiento. Idéntico a todos los demás.

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Y la puerta del mismo, ampliada.

El ayuntamiento tiene adosado una especie de edificio dedicado a la enseñanza, al cual se puede acceder por un patio trasero. Sorpresa: estaba cerrado. Así que bueno, tampoco pudimos acceder a esa parte de la ciudad. Seguimos caminando para encontrarnos una iglesia pequeña (cerrada) y una catedral (también cerrada, aunque curiosamente había habido misa a las 10 de la mañana. Sólo llevamos tres horas tarde).

El patio de la catedral de Middelburg.

El patio de la catedral de Middelburg.

Ahí, en el arco. Ahí hay uno de los pocos transeúntes que vimos a lo largo del día. Bueno, y la puerta es muy bonita.

Ahí, en el arco. Ahí hay uno de los pocos transeúntes que vimos a lo largo del día. Bueno, y la puerta es muy bonita.

Gracias a los carteles repartidos por toda la ciudad, encontramos uno de los atractivos turísticos más conocidos (o eso dicen en su página web) de Middelburg: su abadía. La abadía se compone de unos cinco edificios, siendo uno de ellos un museo en la actualidad. Curiosamente, el museo sí estaba abierto, pero la entrada costaba 9 euros y no estábamos por la labor. Y de esta forma, rechazamos visitar lo único que estaba abierto de la ciudad. Al menos nos regalaron un mapa en la taquilla.

La Abadía.

La abadía.

Según el mapa, esto era un parque. Pero claro, con la nieve, no era plan.

Según el mapa, esto era un parque. Pero claro, con la nieve, no era plan.

Y entonces, con nuestros estómagos vacíos, nos dispusimos a encontrar un lugar en el que comer. Lo encontramos, y debo decir que fuimos a uno de los sitios más surrealistas de toda Holanda. El local estaba completamente dedicado a los gnomos / enanitos de Blancanieves, y no había rincón que no estuviera decorado con estos simpáticos personajes (sólo digo en la puerta del baño de caballeros estaba David el Gnomo – que todavía sigue siendo muy veloz y aún está siempre de buen humor). Estatua de Blancanieves incluida. Para hacerlo más absurdo, sólo servían pancakes (tortitas) con diferentes rellenos y acompañamientos, y cada uno llevaba el nombre de un enanito (obvio). Yo me pedí la tortita Gruñon, que venía con champiñones, pollo y queso fundido. Y el resultado fue:

Vaaaaale, lo reconozco. Estaba muy bueno.

Vaaaaale, lo reconozco. Estaba muy bueno.

Una vez saciada nuestra hambre, ya emprendimos el camino de regreso (era aún muy pronto, así que queríamos parar en el camino de vuelta para visitar otra ciudad que ofreciera más posibilidades). Y entonces, salió el sol. Lo cual nos animó de manera instantánea, a nosotros y al pueblo.

La cúpula de la Oostkerk.

La cúpula de la Oostkerk.

Casi siempre subo fotos de canales de los sitios a los que voy, pero ya iba siendo hora de mostrar agua en estado sólido de nuevo.

Casi siempre subo fotos de canales de los sitios a los que voy, pero ya iba siendo hora de mostrar agua en estado sólido de nuevo.

Y así emprendimos nuestro camino de vuelta a la estación. Cuando vimos que nuestro tren llegaba en media hora, intentamos visitar uno de los molinos de la ciudad, pero no daba tiempo. En su lugar, dimos un paseo por la ahora soleada (pero aún “desierta”) ciudad. Poco después el tren llegó y nos subimos, ya preparando nuestra segunda aventura del día. En general Middelburg me pareció muy aburrida, aunque quizás debería ir un jueves o viernes para ver lo que la ciudad ofrece con gente por la calle y los comercios abiertos.

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4 pensamientos en “Middelburg, ciudad fantasma

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