Ice Age: Groningen

Groningen está al norte del país, y nosotros, muy inteligentes; nos fuimos allí en medio de una ola de frío. O en otras palabras, sufrimos siete grados bajo cero, viento y nieve en el medio de Holanda. Porque nosotros lo valemos. Nada más llegar allí (y tras tres horas de tren), fuimos al Groninger Museum a resguardarnos del frío. Como el museo tendrá entrada propia, lo que aquí se relata es todo aquello que vino después.

Una tienda vintage donde pasamos bastante tiempo.

Una tienda vintage donde pasamos bastante tiempo.

Groningen, también conocida como la ciudad de las peluquerías (en serio, hay una cada 100 metros) , se nos presentó como una ciudad inhóspita y muy fría. Tras salir del museo, nos dirigimos al centro de la ciudad, siguiendo una calle repleta de tiendas. Entramos por curiosidad en una tienda de artículos de segunda mano, que tenía literalmente de todo. Entre otras cosas, encontramos una pierna ortopédica y un esqueleto (falso, supongo) de un dinosaurio.

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Seguimos nuestro camino hacia el centro, y en esta ocasión no hay foto del ayuntamiento ni de la plaza central (no creo que nadie las eche en falta) porque hacía demasiado frío como para sacar la cámara. Había un mercadillo de comida (que ya hay que tener narices para ponerse a vender pescado frito en medio de la calle) y en general nieve por todos lados. Al final alcanzamos nuestro destino: el edificio académico, situado enfrente de una de las diferentes facultades de la Universidad de Groningen (sí, es una ciudad universitaria, aunque con ese clima, como para salir de fiesta).

El edificio académico en sí.

El edificio académico en sí.

De camino nos encontramos esto en una librería: guías turísticas de Madrid y Cataluña. Porque Barcelona no debe ocupar más de 10 páginas, ¿no?

De camino nos encontramos esto en una librería: guías turísticas de Madrid y Cataluña. Nótese el “& Barcelona”.

Continuamos con el tour por la ciudad dirigiéndonos a algo que todas las ciudades holandesas tienen sí o sí: una iglesia. En este caso, la iglesia de Groningen se llama Martinikerk (Iglesia de San Martín, pero sí, yo también hice la coña de Iglesia Martini). Estaba cerrada a cal y canto, así lo único que pudimos hacer es rodearla. La torre (Martini) es visitable y cumple las funciones de un mirador, pero había que comprar entrada antes y, si algo ha quedado claro en este blog, es que soy muy poco fan de eso.

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La Martinitoren.

La Martinitoren.

Para recuperar de nuevo la sensibilidad en los dedos, entramos un rato a calentarnos a la oficina de turismo de Groningen, situada en la plaza central. Allí, preguntamos dónde se encontraba nuestro siguiente objetivo: el Museo del Cómic. Bueno, eso fue lo que dijimos, porque nuestro verdadero objetivo era el McDonalds que estaba al lado; pero claro, eso no queda tan elegante. Supuestamente estaba muy cerca de la oficina de turismo y demás, pero nos costó encontrarlo.

Según me dijeron, los clubes de fiesta más importantes de la ciudad se encuentran aquí, todos pegados. Para no andar mucho si te echan de alguno.

Según me dijeron, los clubes de fiesta más importantes de la ciudad se encuentran aquí, todos pegados. Para no andar mucho si te echan de alguno.

"La miel de la abuela". Con una apariencia más parecida a sales de baño o jabón, se vendía en tres divertidos sabores: anís, menta y eucalipto.

“La miel de la abuela”. Con una apariencia más parecida a sales de baño o jabón, se vendía en tres divertidos sabores: anís, menta y eucalipto.

Tras llenar nuestros estómagos con un saludable BigMac, no sabíamos muy bien qué hacer. Habíamos visto la mayor parte de la ciudad (bueno, habíamos descartado jardines, parques y demás por la constante nieve), así que ya nos dedicamos a pasear. También volvimos a la tienda de segunda mano antes de que cerrara. Cuando se fue el sol empezó a hacer aún más frío y ya decidimos volver a La Haya (tres horas de viaje, se dice pronto). Para ver más de la ciudad, dimos un rodeo hasta la estación, pero nada nuevo: otro par de iglesias y casas típicas holandesas.

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Si en Haarlem estaban todos los canales helados, Groningen no iba a ser una excepción. Y más teniendo en cuenta que hacía un frío del demonio.

Si en Haarlem estaban todos los canales helados, Groningen no iba a ser una excepción. Y más teniendo en cuenta que hacía un frío del demonio.

Del viaje a Groningen, poco más que decir. Una ciudad universitaria muy bonita, situada en la edad de hielo constante (amigos míos han ido en Octubre y se congelaron igualmente), que está un poco lejos de todo. Probablemente gane muchos enteros en primavera sin la nieve, así que puede que volvamos y todo. Como dato curioso añadir que, en los trenes de camino, aparece un repartidor vendiendo café, té, chocolate y galletas. Primera vez que veo eso en los trenes holandeses.

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