Berlín (III)

Y aquí llega la última parte de la crónica. Seguía haciendo frío, pero nos quedaba tan sólo un día y no nos íbamos a quedar en casa. La nieve hizo acto de presencia durante todo el día, mientras que en La Haya apenas había una delgada capa de escarcha (y Facebook se llenaba de fotos de la susodicha escarcha). En fin, vamos allá.

Día 4: Todo lo que nos quedaba + Ventisca.

El reloj mundial de Alexander Platz.

El reloj mundial de Alexander Platz.

Comenzamos nuestro día dirigiéndonos a Alexander Platz, la cual estaba medio en obras medio abarrotada por un mercadillo navideño (sí, otro). Alexander Platz, a pesar de ser uno de los sitios más conocidos de Berlín, realmente no tiene nada que lo haga diferente. De allí pasamos a la Catedral, pero no pudimos verla por dentro porque se estaba celebrando un concierto de música clásica, o cantaba un coro, yo que sé.

Cogimos el metro para llegar a, en mi opinión, una zona de Berlín que cuenta con las bendiciones de todo el mundo pero que en realidad no tiene demasiado que ofrecer: el Checkpoint Charlie. Aparte del archiconocido cartel de “Estás saliendo de la zona americana”, hay una especie de puesto de control donde dos alemanes muy simpáticos vestidos de uniforme militar te dejan hacerte una foto con ellos previo pago. También, por ser época navideña, habían colocado un árbol de Navidad decorado con las banderas de todos los países del mundo (aunque no llegué a encontrar la española, ¿rencor o algo?).

El que avisa no es traidor.

El que avisa no es traidor.

Brrr22Curiosamente, cerca del Checkpoint Charlie hay una especie de plaza donde se exponen lo que parecen ser trozos del Muro de Berlín, también decorados con pintura. Lo recomiendo enormemente, de hecho; pasamos más tiempo en los trozos de muro que en el Checkpoint Charlie en sí.

Aunque no son tan impresionantes como el Muro de Berlín, las pintadas son igual de pintorescas.

Aunque no son tan impresionantes como el Muro de Berlín, las pintadas son igual de pintorescas.

Entre otros, se podían ver pinturas de Nueva York, diferentes dictadores del mundo, animales o lo que parecían ser robots.

Entre otros, se podían ver pinturas de Nueva York, diferentes dictadores del mundo, animales o lo que parecían ser robots.

Posteriormente entramos al Topographie des Terrors (yo tampoco entiendo por qué el nombre está en francés). Es un museo dedicado al nazismo, desde la perspectiva de cómo se organizaron y llevaron a cabo los crímenes de las SS y demás. También incluían una sección sobre la ocupación por toda Europa y un apartado final dedicado a los juicios a los responsables del nazismo.

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Todos los archivos de los juicios a los responsables de los crímenes del nazismo.

Para acabar el día le hicimos una visita al barrio judío y vimos la sinagoga desde fuera. También nos pasamos por la casa okupa Tacheles, aunque la habían clausurado unos meses antes. Tienen una exposición de escultura en el jardín exterior, algo así como unos Greatest Hits. Cenamos en el barrio judío y volvimos al apartamento, ya para hacer las maletas.

Día 5: 500 metros aeropuerto + Vuelta a La Haya.

Nuestro avión salía a las 6 de la mañana o así. Nos dormimos todos y acabamos saliendo de casa a las 5, corriendo con las maletas en la mano. El tranvía al aeropuerto tardó bastante en llegar a nuestra parada y cuando quisimos mirar el reloj nos quedaban diez minutos para que cerraran las puertas de embarque. Estábamos en la estación de metro aún, así que nos hicimos los (supongo) 500 metros que nos quedaban corriendo, equipaje de mano a rastras. Llegamos asfixiados a la entrada (ir en bici no supone hacer demasiado ejercicio físico, se ve) para encontrarnos una cola interminable de gente esperando.

Desde aquí queremos decir: muchas gracias, trabajadores del aeropuerto de Berlín, por hacer huelga y retrasar así todos los vuelos una hora. Sí, al final resulta que llegamos a tiempo y todo. Cuando llegamos a La Haya, fuimos recibidos por unos cálidos 2 grados centígrados y nos pareció lo más maravilloso del mundo.

Y hasta aquí la crónica del maravilloso viaje a Berlín. Tengo que volver en verano, sólo para verlo todo sin la capa de nieve de rigor y poder explorar la ciudad sin al menos cinco capas de abrigo (aunque ahora mismo no concibo la idea de un Berlín sin unos guantes). Para acabar con la saga de Berlín, aún queda el Muro, que sin duda merece una entrada aparte. Auf wiedersehen!

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2 pensamientos en “Berlín (III)

  1. Me voy la semana que viene y estaré 6 días. Parece que el frío es la constante en esa ciudad incluso ahora, en el mes de marzo.
    En todo caso gracias por compartir tu experiencia.
    Me has dado alguna que otra idea. Gracias!
    Roberto.

    • Bueno, hace unos días unos conocidos fueron a Berlín y por lo que vi en las fotos, ya no tendrás que pelear con la nieve 🙂 Eso sí, a pesar del frío y demás, Berlín lo vale. ¡Buen viaje!

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