Berlín (II)

Seguimos con Berlín. De momento nos había gustado mucho, pero todavía no habíamos visto algunas partes imprescindibles de la ciudad. Seguiría haciendo mucho frío, pero no había nada que no pudiera pararnos con dos pares de calcetines, cuatro o cinco capas y un buen gorro (y entrando en una tienda con calefacción cada media hora).

Sigamos por dónde lo dejamos la última vez…

Día 2: Friedrichstraße + Gendarmenmarkt + Guantes, para qué os quiero.

Al salir del Reichstag, volvimos a encontrarnos con una vieja conocida: la Puerta de Brandenburgo, esta vez a plena luz del día. Allí, en un puesto de perritos cercano, comimos y descansamos (con la ronda correspondiente de Glühwein, claro). Hicimos una visita a una tienda de recuerdos, dónde con la tontería acabamos pasando un buen rato mirando todos y cada uno de los souvenirs que vendían (nada de las típicas camisetas de “Alguien que me quiere mucho…” en alemán). Cuando nos quisimos dar cuenta, ya se había hecho de noche.

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La última etapa de nuestra jornada empezó en Friedrichstraße, una calle comercial. Es una calle muy larga que durante nuestra visita se encontraba en obras. Como se acercaba la Navidad, estaba abarrotada de gente, y todas las tiendas permanecían abiertas. Llama la atención también que en pleno Berlín puedas encontrar unas Galerías Lafayette, algo así como El Corte Inglés de Francia.

"Tú pon el cacho ese de muro entre los jerseys, que seguro que nadie se da cuenta".

“Tú pon el cacho ese de muro entre los jerseys, que seguro que nadie se da cuenta”.

El hombre verde de los semáforos de Berlín es todo un icono.

El hombre verde de los semáforos de Berlín es todo un icono.

Deambulando por el centro de Berlín, nos llamó la atención una plaza llena de gente y puestos con luces. Más tarde descubriríamos en casa que era el mercadillo navideño de Gendarmenmarkt. Era bastante amplio y al parecer importante, porque tuvimos que pagar entrada. Dentro nos encontramos lo que cabría esperar de un mercadillo navideño alemán y algunas sorpresas (como chips de manzanas fritas o Glühwein de distintos tipos). Casi todos los puestos vendían o bien comida típica navideña, o regalos, o decoraciones navideñas. Las más polifacéticas vendían todo a la vez. Tampoco podían faltar los puestos de comida rápida, entre ellos, los que vendían Currywurst (una salchicha inundada en salsa de curry).

Una de las tiendas estaba dedicada enteramente a decoraciones navideñas y era enorme. Estaba tan llena que los visitantes la recorrían en fila de uno.

Una de las tiendas estaba dedicada enteramente a decoraciones navideñas y era enorme. Estaba tan llena que los visitantes la recorrían en fila de uno.

Día 3: Tiergarten + Siegessäule + Museo de Pérgamo + Catedral + 7º bajo cero.

Nuestro tercer día en la capital alemana fue probablemente uno de los más duros. A medida que avanzaba el día, descendía la temperatura de manera considerable. El frío empezaba a desgastarnos e incluso teníamos los hombros doloridos de tanto encoger la espalda. Sin embargo, nos recubrimos de capas de ropa y, armados con nuestras cámaras, nos atrevimos de nuevo a salir de casa.

Comenzamos visitando el Tiergarten, un jardín que se extiende por el centro de Berlín. Al estar todo nevado, lo único que pudimos disfrutar fueron sus explanadas totalmente blancas y sus ríos y lagos congelados (¿alguien se acuerda de la primera película de Las Crónicas de Narnia? Pues eso).

Brrr16Dentro del propio Tiergarten se encuentra la Columna de la Victoria (también llamada Siegessäule). Fue construida para conmemorar las victorias de Alemania en distintas batallas de las que ya no me acuerdo. Se encuentra en el medio de una rotonda, así que para acercarse a ella hay que pasar un pasadizo subterráneo que te lleva directamente al pie de la columna. Luego, para subir a la parte más alta hay que pagar entrada, y como nosotros ya habíamos visto todo Berlín desde el Reichstag, decidimos continuar con nuestro viaje. Y bueno, quizás no nos apeteciera pagar.

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Seguimos caminando y visitamos la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm. Son básicamente las ruinas de una iglesia (pero como es Berlín hay que verlo). Dentro realmente no hay mucho que hacer. Hay una pequeña exposición con el antes y el después de las bombas, las obras de arte que se encontraban dentro del templo y una tienda de recuerdos. No tardamos mucho en tomar el tren que nos llevaría a nuestro próximo destino: la Isla de los Museos.

Como su propio nombre indica, todos los museos se encuentran allí, uno al lado del otro. Nosotros, por recomendación de amigos, Wikipedia y gente que ya había estado allí nos encaminamos hacia el Museo de Pérgamo. Tras esperar una cola considerable, compramos la entrada. Sólo teníamos una hora y poco, aunque al final conseguimos verlo casi todo decentemente. El Museo de Pérgamo expone, entre otras cosas, las ruinas del Templo de Pérgamo de la antigua Grecia; la puerta de Istar (ciudad de la antigua Babilonia), y demás restos de civilizaciones antiguas. También, si se busca bien, se puede encontrar una bóveda de la Alhambra de Granada (tal cual).

La puerta de Istar, a tamaño real. Gigantesca.

La puerta de Istar, a tamaño real. Gigantesca. Vamos, que sólo me cabe una esquina.

Las audioguías son gratuitas y bastante informativas, así que es bastante recomendable agenciarse una. Si bien en general todas sus salas son interesantes, son sus “grandes construcciones” las más impresionantes y las que en mi opinión hacen que el museo valga la pena. También son dignas de ver la puerta del mercado de la ciudad romana de Mileto y la fachada del Palacio de Mushatta (aunque con lo grandes que son es difícil que pasen desapercibidas y no las veas).

Las ruinas del Templo de Pérgamo. En un sorprendente buen estado.

Las ruinas del Templo de Pérgamo. En un sorprendente buen estado.

Cuando el museo cerró sus puertas y sus puertas nos echaron amablemente ya era de noche y hacía considerablemente más frío. Sin embargo, la Isla de los Museos guardaba una última sorpresa: la Catedral de Berlín. Sería la primera vez que la veríamos pero no la última, aunque nunca llegaríamos a entrar dentro.

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Con esto concluye el tercer día y la segunda parte del reportaje. Para la siguiente, ya acabamos definitivamente (aunque queda el especial Muro de Berlín). Aún quedaban partes importantes de Berlín que ver, y nos estaban esperando.

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