Berlín (I)

También conocido como el primer viaje como Dios manda de la Erasmus. ¿Berlín, en invierno? Pues sí. Los erasmus no entienden de masoquismos, y menos cuando los billetes se quedan en 80€ (originalmente eran 50 euros, consecuencias de dejarlo todo para última hora. Gracias igualmente, Easyjet). Éramos un grupo de 13 personas, jóvenes e inexpertas, y en cuatro días teníamos que conocer Berlín mejor que el alemán medio. Fue una aventura memorable, y al mismo tiempo, una experiencia que curtió nuestro cuerpo y nuestra mente hasta límites jamás sospechados. O en otras palabras, que hizo un frío qué pa qué.

Sin más dilación, comencemos la crónica del viaje.

Día 1: Llegada a Berlín + Despedida de las temperaturas sobre cero.

Nuestro vuelo aterrizó en Berlín a eso de la una de la tarde, así que entre que cogíamos el metro y encontrábamos nuestro apartamento se nos hicieron las tres (recomendación personal: un apartamento es mucho más barato, bastante más divertido y menos estresante. Ah, y no compartes con desconocidos). Al final decidimos no visitar nada “importante” porque en una hora o así se haría de noche, y no sería lo mismo.

Lo que se podía dislumbrar desde nuestra ventana.

Lo que se podía vislumbrar desde nuestra ventana.

Así que, guiados por nuestro fiel mapa, dirigimos nuestros pasos hasta Postdamer Platz. Allí ya se estaba haciendo de noche, pero nos recibieron el gélido viento invernal y un mercadillo navideño. El mercadillo fue uno de los muchos que vimos a lo largo del viaje, pero allí probamos el Glühwein por primera vez (vino caliente con especias, quita el frío con asombrosa rapidez). Posteriormente, nos acercamos al Sony Center, una impresionante y gigantesca cúpula iluminada.

Y dentro del Sony Center, este impresionante árbol de Navidad.

Y dentro del Sony Center, este impresionante árbol de Navidad.

Continuamos nuestro camino y llegamos al Monumento al Holocausto, que se compone de 2711 bloques rectangulares de hormigón. De día parece un laberinto, pero de noche toma un cariz un tanto espeluznante. Tras explorarlo a nuestras anchas y resbalarnos un par de veces con el hielo, decidimos irnos, porque nos estábamos congelando.

Brrr3

Y así, sin darnos cuenta (yo no llevaba el mapa, así que fue algo inesperado) nos topamos con probablemente uno de los monumentos más característicos de Berlín: la Puerta de Brandenburgo, iluminada. Visualmente impresionante, aunque para ese momento ya habíamos decidido volver a casa porque pocos de nosotros podían sentir los dedos. No nos habíamos imaginado que iba a hacer tanto frío, obviamente.

Brrr4

Día 2: Muro de Berlín + Reichstag + Mi mejor amigo es mi abrigo.

No habíamos visto nieve hasta que llegamos a Berlín. Y nos hartamos de ella.

No habíamos visto nieve hasta que llegamos a Berlín. Y nos hartamos de ella.

Salimos pronto de casa (11 o así, tampoco exageremos) para ver el Muro de Berlín. Teníamos que darnos prisa porque habíamos reservado una visita al interior del Reichstag a la 1 de la tarde y claro, atrévete tú a llegar tarde al parlamento alemán. El Muro de Berlín, que al principio parece interminable, te lo finiquitas en una media hora; a no ser que le hagas una foto a todos y cada uno de los murales.

Pizarra con mensaje positivo situada en la terraza de un café aleatorio.

Pizarra con mensaje positivo situada en terraza de hotel aleatorio.

El Muro de Berlín tendrá su entrada aparte, así que de momento, hasta aquí puedo leer.

El Muro de Berlín tendrá su entrada aparte, así que de momento, hasta aquí puedo leer.

Tomamos un tren y nos pusimos a hacer la cola de rigor para entrar al Reichstag (y sólo llegamos unos diez minutos tarde, récord personal). Tras todos los trámites de seguridad, por fin llegamos a la impresionante cúpula del Reichstag. Con ayuda de nuestra audioguía íbamos localizando los distintos edificios y monumentos de Berlín (aunque a veces con la nieve no se veía nada de nada). La visita es totalmente gratuita y la verdad es que merece la pena. Al fin y al cabo, no se entra al parlamento alemán todos los días.

Me salió una fotaca, independientemente de los sentimientos que te despierte la bandera alemana.

Me salió una fotaca, independientemente de los sentimientos que te despierte la bandera alemana.

La cúpula por dentro.

El Reichstag por dentro…

...y por fuera.

…y por fuera.

Y hasta aquí, la primera parte de la crónica del viaje a Berlín. Para las siguientes entregas, prometemos más atracciones turísticas y menos grados en el termómetro.

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2 pensamientos en “Berlín (I)

  1. Pingback: Berlín (II) | Una barba en La Haya.

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