Maastricht, ¡qué hermosa eres!

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Le toca a Maastricht. Después de los incidentes de Eindhoven, pensamos que íbamos a llegar por fin. Pero no, puesto que estaban mejorando las vías, lo cual se tradujo en tomar un tren hasta Weert, donde tuvimos que subirnos a un bus que nos llevó a Sittard. De allí fuimos en tren otra vez hasta Maastricht. Tras este trayecto tan largo, llegamos a la ciudad cansados y un tanto hartos. Así que Maastricht tenía que ser algo digno de ver para que se nos pasara el cabreo. Y lo fue.

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Maastricht es una ciudad muy bonita, situada cerca de la frontera con Bélgica. Realmente, a nivel estético no se diferencia demasiado de las demás ciudades de Holanda (el “visto uno, vistos todos” es bastante aplicable), y sin embargo, tiene cierto encanto por sí misma. En general, no tiene nada demasiado diferente, pero la ciudad en sí gusta a todo el mundo.

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El ayuntamiento de Maastricht, en la plaza mayor. No sé dónde se firmó el tratado, pero el sentido común me dice que debió ser aquí.

El ayuntamiento de Maastricht, en la plaza mayor. No sé dónde se firmó el tratado, pero el sentido común me dice que debió ser aquí.

A pesar de ser domingo, la ciudad estaba bastante animada. En la Plaza Mayor había un grupo de personas regalando muestras gratis de un zumo multifrutas (malísimo, pero era gratis al fin y al cabo), y todo Maastricht olía a gofre recién hecho, los cuáles se podían comprar en puestos callejeros o bien en pastelerías de toda la vida. Nada más cruzar el puente (ver foto anterior) empezó a oler a bollería con sirope de chocolate por encima, pero decidimos dejarlo para después de comer/merendar/cenar (con los horarios holandeses nunca se sabe realmente).

En las "afueras", nos encontramos este cartel, que anunciaba un cine un tanto pequeño. Pero bueno, el cartel es bonito, que es lo que cuenta.

En las “afueras” nos encontramos este cartel, que anunciaba un cine un tanto pequeño. Pero bueno, el cartel es bonito, que es lo que cuenta.

Maas6Había una especie de feria, pero cerrada al público porque la estaban montando / desmontando, así que nos tuvimos que contentar con verla desde fuera. Noria patrocinada por Vodafone, por cierto.

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Probablemente una de las partes más “raras” de Maastrich es una plaza llena de esculturas hechas de un material extraño, algo así como cemento o yeso. Todas las estatuas representan una mezcla entre personas, animales y monstruos. Están pintadas en diferentes colores y parecen mostrar algún tipo de carnaval o fiesta (no sé, algunos aparecen con instrumentos musicales y todo). Si las esculturas representan todo lo contrario, se admiten sugerencias.

Una iglesia de Maastricht, con una torre mitad blanca mitad rojiza. Algo así como una iglesia del Atlético de Madrid.

Una iglesia de Maastricht, con una torre mitad blanca mitad rojiza. Algo así como una iglesia del Atlético de Madrid. (Basílica de San Servasio o Sint-Servaasbasiliek).

Maas9Seguimos deambulando por la ciudad, encontrando diferentes atracciones turísticas y lugares curiosos. Por ejemplo, encontramos un molino de agua que ya sólo tenía una función turística, pero que a su vez servía para decorar la pared posterior de una panadería. También encontramos ruinas, más torres, heladerías de diseño y esculturas adicionales.

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Entramos a una iglesia TOTALMENTE vacía. Pero literalmente. Vamos, que daba un poco de mal rollo estar allí mucho tiempo.

Entramos a una iglesia TOTALMENTE vacía. Pero literalmente. Vamos, que daba un poco de mal rollo estar allí mucho tiempo. De hecho, los visitantes sólo se quedaban en la zona de las velas, por aquello de permanecer unidos.

Una de las torres aleatorias de Maastricht. Al lado de la iglesia de antes y rodeada por un riachuelo. Tiene cerca un campo con césped ideal para sacar fotos grupales (ejem).

Una de las torres aleatorias de Maastricht. Al lado de la iglesia de antes y rodeada por un riachuelo. Tiene cerca un campo con césped ideal para sacar fotos grupales (ejem).

Durante la cena se hizo de noche, y nos dedicamos a dar una vuelta por la zona más céntrica, llena de tiendas de todo tipo. Toda la zona “turística” y cercana al río estaba iluminada de forma especial. Realmente ya no había nada más que ver o hacer, salvo volver a la pastelería o puesto de turno a comprar nuestro gofre. Cual fue nuestra sorpresa al descubrir que todos ya habían cerrado (eran algo así como las siete de la tarde). Así que, de vuelta a casa, tuvimos que buscar una alternativa viable, que acabó siendo un gofre precalentado del Albert Heijn to go (algo así como una versión más pequeña y cara del Albert Heijn tradicional).

Era bastante sabroso, pero claro, probablemente mucho peor que uno recién hecho. Y con chocolate caliente por encima.

Era bastante sabroso, pero claro, probablemente mucho peor que uno recién hecho. Y con chocolate caliente por encima.

En definitiva, Maastricht es probablemente una de las ciudades más bonitas de los Países Bajos y merece una visita, a pesar de tener como gran inconveniente su distancia a Amsterdam (aunque tiene aeropuerto propio). Otras cosas que llaman la atención sobre Maastricht son sus suelos adoquinados y su inferior número de bicis (siempre comparando con otras ciudades holandesas, claro está).

PS. El puente que cruza el río es levadizo, y esperando lo suficiente se puede ver en vivo y en directo como se eleva gradualmente (el puente no se abre, sino que directamente se eleva para que los peatones puedan seguir caminando). Dato curioso.

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