Nijmegen

Esta vez le toca a una ciudad poco conocida de los Países Bajos: Nijmegen (Nimega en español). Fui allí a visitar a una amiga que también estaba haciendo unas prácticas en Holanda, y tras un par de retrasos al final pudimos quedar un domingo. Ir a Nijmegen en tren no es complicado: desde La Haya, hay que coger el tren hasta Utrecht (una media hora), para luego coger otro tren hacia Nijmegen (una hora y media). Eso sí, es una experiencia traumatizante porque cuando llegas a Arnhem, el tren cambia de sentido y parece que estás volviendo de nuevo a Utrecht.

Luego te cuentan que siempre pasa esto. No, no me avisaron.

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El día comenzó muy lluvioso, pero eso no acobardó a los holandeses. Nada más salir de la estación vi a cientos de personas preparadas para disputar una carrera o algo así, y parece ser que es algo típico del lugar. Por otro lado, la ciudad en sí no estaba demasiado llena, se habían ido todos a correr.

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No recuerdo muy bien por qué los puentes de Nijmegen son famosos, pero creo que una parte de la “leyenda” consiste en que en la II Guerra Mundial todos los puentes que llevaban a esta ciudad fueron destruidos y por lo tanto tuvieron que ser diseñados y construidos de nuevo. La ciudad también tiene unas cuantas ruinas romanas, ya que (Wikipedia dice) es la ciudad más antigua de los Países Bajos y ya tiene más de 2000 años de existencia.

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Tras un paseo por el centro (durante el cual dejó de llover) nos fuimos a comer comida rápida holandesa: una croqueta con patatas fritas. Aunque parezca una tontería, las patatas fritas holandesas están muy buenas y no son fáciles de encontrar en otros países. Será por la salsa que las echan (fritessaus lo llaman). Lo bueno de las croquetas es que son bastante baratas y te dejan el estómago relativamente lleno.

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Ya salió el sol y nos dirigimos a una calle llena de tiendas en el centro de la ciudad, pero cuando llegamos nos dimos cuenta de que todo había cerrado por ser domingo, incluso la heladería a la que nos dirigíamos. De todos modos no nos desanimamos, porque había otros locales abiertos donde los parroquianos se estaban tomando algo. Hay que decir que éramos pocos los que no íbamos en chándal o ropa deportiva. Vamos, que casi todo el mundo venía de la carrera.

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Algo muy típico de Holanda: un warme Chocomel. El Chocomel es algo así como un colacao ya preparado y que se sirve caliente en las cafeterías con nata por encima. Es un equivalente al chocolate caliente, aunque es mucho más líquido y dulce.

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Cuando anocheció y empezó a hacer frío, ya dimos la última vuelta por la ciudad y nos dirigimos hacia la estación. En general toda la ciudad estaba iluminada, pero seguía por lo general bastante desierta (se estarían duchando todos, supongo). Así que ya sin más dilación, mi amiga y yo nos despedimos y entré en ese tren, dispuesto a pasar  las otras dos horas de vuelta escuchando música.

Nijmegen10PS: Es la primera vez que veo una grúa iluminada. O es para tenerlo todo en plan decorado o para seguir trabajando por la noche, aunque ambas posibilidades me parecen absurdas.

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