Gouda (II)

Y por fin conseguimos salir de aquella iglesia. Gouda, como ya se dijo en la primera entrega, es un pueblo (¿ciudad?) muy curioso y no tiene supermercados, sólo tiendas. Así que mientras nos dirigíamos hacia el siguiente destino, ya nos dieron la vuelta de rigor por la plaza mayor. Se agradeció bastante también que no lloviera (es Holanda, al fin y al cabo) y que hiciera una temperatura más/menos soportable.

En la plaza mayor estaba el ayuntamiento. Y ya. No, lo digo literalmente, es una plaza con muchas cafeterías y en el centro, separado cincuenta metros de cualquier cosa, el ayuntamiento. Aunque ese día también había un autobús británico a su lado (así como quien no quiere la cosa, a lo mejor era un grupo de británicos haciendo un tour).

Y entonces, llegamos a (definitivamente) la mejor parte de la excursión: una fábrica de stroopwafels. El stroopwafel, para quién no lo sepa (bueno, yo lo estoy mirando de Wikipedia, pero digo yo que me toca hacerme el culto) es algo así como un sandwich hecho de dos galletas de barquillo y sirope de caramelo. Es un dulce típico holandés y parece ser que se inventó en Gouda porque un panadero decidió aprovechar las migas sobrantes y así poder venderlas. Básicamente nos llevaron a esta fábrica donde nos contaron toda la historia de los wafels y nos enseñaron cómo se hacen. No es un proceso muy glamuroso, pero el resultado final es delicioso, que es lo que cuenta.

Dato curioso: todos los wafels, antes de ser empaquetados, pasan por un detector de metales. ¿La razón? Para limpiar la máquina que los fabrica se utiliza un cepillo de cerdas de metal (la masa es bastante densa, sí) y existe la probabilidad de que uno de cada mil (o diez mil, no me acuerdo) wafels lleve una esquirla metálica. Como una denuncia de la OCU holandesa no tiene que ser muy beneficiosa para la reputación del negocio, pues se toman estas precauciones.

La visita no se acabó ahí. Nos dejaron “cocinar” nuestro propio wafel. Entiéndase: nos dieron la masa ya hecha para que la colocáramos en una especie de sandwichera. Una vez cocinada, la cortábamos en dos mitades con un cuchillo y nos las cubrían con caramelo. Las uníamos y ya está, comida gratis.

Tras este tentempié, nos tocó la visita guiada por Gouda. Tampoco voy a enrollarme mucho con esto porque fue realmente larga y aburrida. Nos pasamos viendo jardines (¿?) como una hora y media, algo que sin duda apasiona a cualquier estudiante Erasmus. Así que las fotos son del ayuntamiento (dónde comenzó el tour), fotos de la bandera de Austria en la plaza mayor de Gouda (yo tampoco lo entiendo), y una tienda de queso, algo totalmente extraño y atípico.

Anécdota divertida 1: ya cuando volvíamos al bus, pasamos otra vez por delante de una tienda de queso. Lo del wafel había sido dos horas atrás y todos teníamos bastante hambre. Entonces nos dimos cuenta de que la susodicha tienda ofrecía muestras gratis de diferentes tipos de queso. Ni que decir tiene que no quedó ni un solo trozo.

Anécdota divertida 2: Durante el tour por Gouda, la guía decidió tomar un callejón y nos llevó a lo que resultó ser la biblioteca de Gouda. La mujer entró y salió a los cinco minutos. O, traducido a lo que pensé en ese momento (y en el fondo sigo pensando): la mujer devolvió el libro/revista/DVD de turno y continuó con la visita guiada. Sin embargo, como estábamos en modo turista, aquí van otras dos fotos tomadas desde los bancos de la biblioteca. (Una es muy moderna, le falta un filtro de Instagram).

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